
Un soldado mata a otro en Jaca porque le pidió que bajara la música
Iván Castiello, de 28 años y natural de Gijón, murió de un navajazo asestado por un militar de origen venezolano.
MARCO MENÉNDEZ | GIJÓN.
Una absurda disputa por el volumen de la música acabó ayer con la vida de Iván Castiello Medina, un joven soldado profesional natural de Gijón que hoy cumpliría 28 años. Los hechos ocurrieron poco después de las dos y media de la madrugada de ayer en las instalaciones del acuartelamiento de San Bernardo, en Jaca, donde Iván Castiello estaba destinado, según indicó la Subdelegación del Gobierno en Huesca.
Una de las tías del fallecido, Marlén Fernández, informó de que «llamaron a las seis de la mañana a casa de mi madre para darnos la mala noticia. No llegó a ser ni una pelea ya que, al parecer, mi sobrino le dijo a un compañero que bajara el volumen de la música que estaba escuchando. El otro, sin mediar palabra, la dio un navajazo».
Los responsables del cuartel avisaron a los servicios de emergencia y una UVI móvil se trasladó de inmediato alas instalaciones militares, donde su personal trató de estabilizar a Iván Castiello. Unos minutos después, le trasladaron al Hospital Comarcal de Jaca, donde falleció alrededor de las cuatro y media de la madrugada debido a la gravedad de las heridas.
El presunto autor de la agresión es un joven de nacionalidad venezolana que había ingresado en el Ejército de Tierra español, cuya identidad corresponde a las iniciales D. A. G., de 23 años. El joven fue detenido por agentes del Cuerpo Nacional de Policía, que se hicieron cargo de las investigaciones, y le trasladaron a las dependencias de la Comisaría de Policía de Jaca. Al arrestado, que tiene varias heridas en una mano, se le imputa un presunto delito de homicidio y está previsto que pase a disposición judicial a lo largo de este fin de semana.
Paralelamente, las autoridades militares han adoptado sus propias medidas ya que, como procedimiento habitual en estos casos, ha abierto un expediente sobre el asunto, cuyas investigaciones están siendo llevadas a cabo por el jefe del Estado Mayor del Ejército, y ha suspendido de sus funciones al soldado presunto autor del homicidio, hasta que haya un pronunciamiento en firme de la Justicia civil.
Autopsia
Hacia las diez de la mañana, varios de los tíos y primos de Iván Castiello se desplazaron hasta Jaca, para hacerse cargo del cuerpo de su familiar. A lo largo de la mañana se realizó la autopsia al cadáver, aunque sus resultados no han trascendido. Está previsto que el cuerpo del fallecido llegue a Gijón a primeras horas de esta mañana, transportado por un vehículo de una funeraria de Jaca que había salido de la localidad oscense a últimas horas, si bien al cierre de esta edición sus familiares aún no sabían cuándo se celebrarían los sepelios fúnebres. El joven gijonés había ingresado en las Fuerzas Armadas en abril de 2007 y en enero del año siguiente fue destinado a la Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales de Jaca. Su agresor, D. A. G., era uno de sus compañeros en la misma unidad.
Las investigaciones que se realicen sobre este desgraciado suceso tendrán que aclarar varios extremos ya que, según Marlén Fernández, los responsables del acuartelamiento oscense que les informaron del hecho le habrían comunicado que «el otro chico no estaba en muy buenas condiciones». «Pero claro, ahora todo eso son atenuantes. Lo que está claro es que no hay quién nos lo pague, porque nos han quitado a un hijo», remarcó la allegada.
Todos sus amigos llamaban al soldado muerto ‘Casti’, según indicó su tía Marlén Fernández, que ayer estaba muy consternada por la noticia. «Iván estaba siempre con mis hijos, porque tengo tres de 30, 29 y 18 años. Con esas edades, era lógico que estuvieran siempre juntos», declaró la tía del difunto.
El finado había pasado el puente de la Inmaculada en Gijón y tenía pensado regresar a la ciudad el 21 de diciembre para pasar las fiestas navideñas con sus familiares. Y es que lo peor que llevaba Castiello era estar lejos de su tierra. No en vano, entre sus objetos personales había una bandera del Principado a la que tenía mucho cariño.
El soldado era muy conocido en la parroquia gijonesa de Lavandera, lugar de residencia de prácticamente toda su familia, y también en La Camocha, donde estudió y vivió con uno de sus dos hermanos durante una temporada. «Era muy majo y tímido, pero pasó mucho en la vida», dijo una vecina, quien aseguró que probablemente el joven sea enterrado con sus padres en el cementerio de Lavandera, donde la familia tiene nichos en propiedad. Si se decide trasladar los restos mortales del joven a este lugar, «la iglesia se quedará pequeña», aventura la vecina.
Diario Ideal