
Impresionante botón de muestra de cómo educar a las niñas y niños en los valores de la autoridad, de la obediencia, la violencia y el castigo, y hacer todo ello con juegos y mentiras, disfrazando la verdad y convirtiendo la función policial en algo amable.
La directora de la escuela de verano justificaba haber invitado a la policía diciendo que «nuestra intención es que los chavales entiendan que la Policía no sólo pone multas, sino que además ayuda al ciudadano». Intención bastante torpe ya que, que sepamos, los agentes de la policía nacional no se dedican a poner multas. Pero sobre todo intención torticera ya que no permite a los niños y niñas hacerse una idea completa sobre la realidad policial, mostrándoles solo una visión parcial y edulcorada de la misma.
Si de verdad deseaban dar a conocer la institución policial, además de esta exhibición de buenismo que todos sabemos poco ajustada a la realidad, para completar la panorámica deberían haber pasado a los niños unos vídeos con -por ejemplo- la actuación de los Mossos de Esquadra desalojando a los indignados en Barcelona, o la de diferentes brigadas de la policía nacional actuando contra personas que estos días tratan de impedir deshaucios de gente que no puede pagar su vivienda, o redadas indiscriminadas de inmigrantes, o haber mostrado testimonios de quienes han sufrido abusos policiales, denuncias falsas, violencia gratuita, malos tratos y torturas. Alguien podría de paso explicar a las niñas y niños cual es la función y razón de ser de la existencia de esta institución armada, a quien sirve y por qué tipo de intereses vela.
A cambio de esta exhibición de irracionalidad, desde Tortuga proponemos educar a la infancia en los valores del respeto, la libertad y la autenticidad. Por ejemplo con este taller.
Nota de Tortuga.
¡Bienvenidos al cole, Polis!
J. Martínez
«¡Bienvenidos al cole Polis!» rezaba el cartel con el que los alumnos de la escuela de verano del colegio El Palmeral recibieron, entre aplausos, a tres efectivos de la Policía Nacional y al Inspector Jefe que entraron al colegio a bordo de un furgón de la unidad de intervención, un «zeta», y una moto de gran cilindrada. Después de una breve presentación por parte de los agentes, los niños les bombardearon a preguntas. Algunos, incluso, sintieron alrededor de sus menudas muñecas el pesado metal de las esposas. Tras las presentaciones, y divididos en seis grupos, los cerca de cien alumnos de la escuela de verano comprabaron, de primera mano, cómo son por dentro los vehículos del cuerpo. Fue cuando rompieron a tronar las sirenas mientras los niños correteaban con el escudo de la Policía Nacional (fabricado por ellos mismos) cosido al pecho.
«Nuestra intención es que los chavales entiendan que la Policía no sólo pone multas, sino que además ayuda al ciudadano», apuntó Leyre Gangoso, coordinadora de la escuela de verano.
Diario Información