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Un total de 150 presos de los centros penitenciarios de Fontcalent y Villena (Alicante) producen piezas de persianas y toldos para la empresa de Sax La Gaviota.
LAVERDAD.ES – ALICANTE (I. GENOVÉS).- Hace cinco años que la fábrica de La Gaviota se introdujo en el mundo penitenciario. Para esta fábrica de Sax, que cuenta con 300 empleados en la sede, trabajan actualmente 150 presos de Fontcalent y Villena haciendo montaje manual de accesorios para persianas y toldos. La experiencia es tan buena que en más de una ocasión los internos han acudido a la factoría a darles las gracias tras cumplir la pena e incluso en dos ocasiones fueron a pedir un empleo.
«La experiencia es muy buena en todos los sentidos», afirman rotundos desde la factoría. «La gente está muy animada y trabajar ayuda a los presos a sobrellevar la monotonía». Desde el punto de vista de la reinserción laboral, además, los condenados aprenden a someterse a unos horarios y «a tener unos hábitos de vida que antes no conocían, ya que muchos vienen de ambientes marginales», señalan.
Desde la dirección de la empresa aseguran que no hay mayores problemas de personal dentro de la prisión que los que hay en cualquier fábrica. «En general trabajan muy bien. Producen rápido y con calidad, y son muy respetuosos», explican. De hecho, «desde el principio nos sorprendimos de lo eficientes que eran».
Actualmente, la factoría paga a 110 internos de Villena y a otros 40 de Fontcalent por realizar tareas de montaje y manipulado de piezas. En Alicante II es donde más variedad de productos se realiza, desde cajetines de persianas hasta tirantes de seguridad o incluso máquina para toldos.
La gente que trabaja en los talleres es elegida por el propio centro penitenciario. Para desarrollar los trabajos, la empresa pone supervisores, cuatro en Villena y dos en Fontcalent . Entre presos y monitores no hay problemas. «Se trabaja cómodo y seguro, sin miedo. Los internos son respetuosos y tranquilos», añaden desde la fábrica.
Cada mañana, un tráiler de la factoría lleva el material necesario para la producción a los dos centros penitenciarios. Una vez allí, la carga se comprueba, se recepciona y se ubica para su manipulado. Los internos, además, se encargan de introducir los datos en el sistema informático y de realizar los inventarios de cada pieza. De estos trabajos de responsabilidad se ocupan una decena de presos.
«La productividad es alta y muy pareja a la de la fábrica de Sax», señalan desde la empresa. La factoría paga al centro penitenciario de acuerdo con las piezas realizadas. Después, es la propia cárcel la que se encarga de verificar cuánto dinero corresponde a cada interno, en base al trabajo de cada uno de ellos.
«Muchas veces al salir de la cárcel vienen a darnos las gracias por la posibilidad que les hemos dado de tener un trabajo», afirman fuentes de la empresa. La eficacia de estos internos en el trabajo suele ser tan buena «que en un momento dado no habría inconveniente en contratarlos». Sin embargo, uno de los problemas es que en la empresa de Sax «todo es más tecnológico y no todos están preparados».