
Una de las trabajadoras del equipo de limpieza admitió ayer que la obra acabó en el ecoparque porque la confundieron con un juguete en mal estado. «Nos habían dicho que tiráramos todo lo que no aprovechaba y como todas dijeron que era muy feo y estaba mal pintado ninguna quiso llevárselo para sus hijos», indicó esta empleada, cuyas compañeras, por contra, guardaron el botiquín que también formaba parte de la instalación artística «porque dentro llevaba tiritas y esparadrapo y pensamos que podría servirnos».
«Cuando me dijeron que era una obra artística, me quedé de piedra y ahora siento mucha pena», explicó la trabajadora de la limpieza, que atribuye este malentendido a su escaso conocimiento del arte moderno. «La verdad es que era una exposición rara y no supimos interpretarla sin que nadie nos explicara su significado», concretó.
Así ha sucedido en Algemesí, donde una de las creaciones expuestas en el último Festival d’Art Públic (FAP) por el prestigioso Joan Antoni Rodríguez, más conocido como Jarr, acabó en el ecoparque después de que unas trabajadoras de la limpieza lo confundieran con un juguete viejo.
El montaje, llamado El Papamóvil y valorado en 1.500 euros, incluía un pequeño coche de metracrilato. Mediante una combinación de pintura y fotografía se representaba a Juan Pablo II sobre el vehículo, cuyo chófer era un Niño Jesús. Jarr había aderezado la obra con otros elementos, como un traje y cartuchos colgados del techo, además de pinturas y un botiquín con el logotipo de la Cruz Roja. El conjunto, según explicó el joven artista algemesinense, pretendía «dar un sentido distinto» a una serie de objetos cotidianos para expresar el concepto de reciclaje.
La obra se exhibió en el FAP del pasado junio en una estancia de la Casa de l’Aigua Potable, un inmueble deshabitado y acondicionado para la ocasión. Cuando el festival concluyó, el montaje de Jarr quedó allí, aunqueel comisariode la exposición tranquilizó al artista asegurándole que no debía preocuparse. En septiembre, Rodríguez pidióla obra para llevarla a una exposición en el Palau de la Música, pero los organizadores del FAP le informaron de que había desaparecido.
Poco antes, a principios de ese mes, el comisario de la exposición, Alejandro Villar, había sido advertido de que debía vaciar la casa. La comisión taurina la había pedido para usarla como camerinos de los artistas que actúan en la Setmana de Bous. Tardó unos días en cumplir el encargo, el tiempo que le llevó conseguir «un camión gratis», según relata. Al llegar, se encontró con que habían cambiado la cerradura. Logró una llave gracias a una mujer de la limpieza que, para acrecentar su inquietud, le confesó «asustadísima» que lo había «tirado todo a la basura». Ella y sus compañeras creyeron que el montaje era un «trasto viejo» y lo eliminaron.
Una vez dentro de la casa, Villar confirmó sus peores augurios. No sólo la obra de Jarr, sino también sus herramientas de montaje, taladro, caja de materiales, botes de pintura… habían sido pasto de la limpieza general. Aterrorizado, corrió al Ecoparc: «busqué, busqué, rastreé», todo en balde. «Llamé al edil de Cultura para informarle. Hasta hoy nadie del ayuntamiento, ni el concejal, ha dicho nada, ni una llamada», se lamenta Villar, quien decidió «pagar el valor de la obra y olvidar».