
Un enfermo renal de Murcia será sometido hoy en Barcelona a un trasplante en el que la donante es una mujer residente en Alicante que escuchó por la radio que necesitaba el órgano. Es el primero entre vivos no emparentados.
ANA GARCÍA
«Me han regalado la vida». Así es como define el murciano Juan Pedro Baños, enfermo renal, la iniciativa que ha tenido una jiennense que reside en Alicante y que sin conocerlo ha decidido donarle uno de sus riñones. La intervención se realizará mañana miércoles en el hospital Clínico de Barcelona y se trata del primer trasplante de riñón entre vivos no parental que se practica.
Baños, que es vicepresidente de la Asociación para la Lucha contra las Enfermedades de Riñón (Alcer-Murcia), nació con una estenosis de píloro hace 44 años, una enfermedad que al poco tiempo derivó en una insuficiencia renal crónica, según explicó él mismo a INFORMACION.
Con algo más de 20 años su madre decidió donarle uno de sus riñones ya que su calidad de vida se había deteriorado mucho y se sometió a su primer trasplante. Juan Pedro Baños afirma que «mi madre me regaló la vida por segunda vez en aquel mismo momento». Pero este órgano dejó de funcionar después de trece años, por lo que desde hace seis este murciano se somete semanalmente a varias sesiones de diálisis de cuatro horas continuadas.
Él mismo recuerda que hace tres años y medio volvía junto a un amigo, Diego Fajardo, de Madrid y que gracias a cambiar los billetes del tren no se vieron inmersos en el accidente ferroviario de Chinchilla. «Al día siguiente llamé a Diego para decirle la suerte que habíamos tenido de no haber cogido ese tren y fue cuando me confirmaron que esa misma noche falleció en su casa, su cuerpo no aguantó más después de 25 años esperando un trasplante de riñón». Una tarde, el vicepresidente de Alcer-Murcia se puso en contacto con el programa radiofónico «La Gramola» de la emisora pública Onda Regional -en aquel momento dirigido por Jesús Sancho- para comentar en antena lo que le había ocurrido y explicar en qué consistía el tratamiento de diálisis.
En ese momento le estaba escuchando Gregoria Ruiz, una mujer de 60 años que reside en Alicante y al conocer su historia decidió hacer algo por él, donarle uno de sus riñones. Juan Pedro Baños reconoce que en un primer momento no le dio la menor importancia, ya que no creía que una persona que no le conocía de nada le donara un riñón, a lo que se unía la barrera de que los dos fueran compatibles.
El receptor del riñón de Gregoria Ruiz considera que «esto ha sido un regalo de esperanza, ya que después de muchas pruebas nos confirmaron que éramos compatibles». Con esta iniciativa «me devuelve la vida, al tiempo que me hace salir de la lista de espera y el órgano de cadáver que yo podía haber recibido servirá para otra persona». Gregoria y Juan Pedro se encuentran ya en Barcelona, donde se someterán mañana a la intervención para el trasplante de riñón. Una operación intervivos no parentales pionera que solamente se practica en Madrid y Barcelona y que sentará un hito en la medicina.
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