Notas para la presentación del debate organizado por la Fundación Nin en el acto sobre Vasili Grossman.

1.-        Quisiera agradecer a la Fundación Nin la organización de esta serie de debates en los que se ha sabido compaginar la literatura con la política, como un esfuerzo para colocar la cultura en el centro de las preocupaciones. La Fundación Nin es un buen ejemplo de que un proyecto emancipador necesita también de un avance de la cultura, no sólo de la cultura en general sino también de la que ayuda a la conciencia y al propio proyecto emancipador. Gracias a la Fundación Nin y que estos esfuerzos tengan continuidad.

2.-        Con la novela que presentamos, Vida y destino, se produce una enorme paradoja. Vasili Grossman la acabó en 1960. Hasta 1980 no fue publicada en Francia y la primera edición en castellano data de 1985, y pasó con más pena que gloria. Volvió a editarse en 2007 y tuvo un éxito editorial espectacular. Durante semanas apareció entre los 10 libros más vendidos en la lista que publica La Vanguardia en su suplemento cultural y El País lo presentó como el libro del año y sigue reeditándose. El éxito permitió su traducción al catalán, también con un gran éxito de ventas.

La paradoja consiste en que hemos tenido la ocasión de leer una novela -y la recomiendo a quien no lo haya hecho- que no deberíamos haber leído hasta dentro de 150 o 200 años. Cuando Grossman fue a preguntar sobre la publicación de su novela, el funcionario soviético -algunos dicen que fue Suslov, el “vigilante” ideológico del estalinismo- le contestó: “no es probable que el libro salga a la luz antes de 200 o 300 años”. Celebremos que se equivocara y que podamos gozar de esta estupenda novela.

3.-        Celebremos también que gracias a algunas novelas hemos podido conocer, o mejor dicho, nos han ayudado a comprender la compleja realidad de la Rusia tras la Revolución de Octubre. Se ha comparado Vida y destino a la novela de León Tolstoi Guerra y Paz. Quizás alguien ha estudiado, o debería ser materia de estudio, explicar la razón por la cual algunos escritores rusos se atreven a abarcar con una visión totalizadora un panorama de su país en un determinado momento histórico, e incluso lograr que la parte de ficción que toda literatura tiene quede en la memoria como un reflejo fiel de la sociedad de ese momento. Es así como Guerra y Paz retrata la época napoleónica en Rusia. Hay que leer Vida y destino para hacerse una idea de los complejos problemas de la sociedad soviética en torno a la batalla de Stalingrado, tema central de la novela. Las comparaciones entre una novela y otra no lo son solo por el esfuerzo de abarcar una determinada etapa histórica, sino porque Vasili Grossman parece que durante toda la Guerra Mundial leyó y releyó la novela de Tolstoi. Otro ejemplo de esa tradición de la literatura rusa es Una saga moscovita de Vasili Aksiónov, hijo de Eugenia Ginzburg, publicada en 1994, que abarca la historia soviética a través de una familia desde los días posteriores a los sucesos de Cronstadt hasta la muerte de Stalin; otro libro recomendable que bien podría formar parte de esta serie de debates.

4.-        Vasili Grossman fue un escritor y periodista de mucho éxito en la Rusia de la época de Stalin. Tenía millones de lectores. Pravda publicaba sus informaciones sobre la batalla de Stalingrado, posteriormente acompañó al Ejército Rojo en la liberación de Ukrania de los nazis, entró en Berlín con la avanzadilla del ejército y fue uno de los primeros periodistas que informó al mundo sobre los campos de concentración, en concreto sobre Treblinka. En esa época, nada hacía presagiar que Grossman pudiera escribir esta novela, romper con el régimen estalinista y acabar arrinconado en la vida cultural de la época.

Escribe Grossman: “La verdad es una. No hay dos verdades. Es duro vivir sin verdad, o con migajas de verdad, con una verdad recortada y encogida. Una verdad parcial no es una verdad. En esta noche tranquila, digamos toda la verdad, sin restricciones”. Quizás fue la búsqueda de la verdad, o el cansancio de medias verdades y grandes mentiras lo que le llevara a escribir esta novela. Quizás pensara que todas las concesiones, mentiras y sufrimientos tenían la función de salvar a la URSS del nazismo y que una vez muerto Stalin la verdad podía y debía resplandecer. Solo así puede explicarse su ingenuidad en que le publicaran el libro y que sólo cuando oyó la brutalidad del funcionario diciéndole que no aparecería hasta “200 o 300 años” comprendió el verdadero carácter del régimen y se hundió en una profunda depresión que le llevó a la muerte.  

No es un caso aislado en la literatura posterior a la revolución. Sucedió con otros. Maiakovski no pudo soportar el giro estalinista y se suicidó. Boris Pasternak, autor de Doctor Zhivago, pasó de ser un autor con enorme prestigio a ser llamado cerdo y aislado hasta su muerte. Con Grossman ocurrió algo parecido, o con el ya mencionado Aksiónov. Es evidente que los hubo de todo tipo, desde los que murieron en el Gulag hasta los que se adaptaron y vivieron siempre bajo la protección del régimen. Pero hay algunos, entre ellos Grossman, que rompen con el régimen o incluso rompen sin ser excesivamente conscientes de ello porque el mismo régimen les empuja a una situación insostenible. Escribe Grossman: “¿Era aquello el socialismo? Los campos de Kolimá, el canibalismo durante la colectivización, la muerte de millones de personas”.

5.-        Ya hemos señalado que es una excelente novela, que en torno a la batalla de Stalingrado reconstruye la vida soviética y la reflexión sobre diferentes aspectos de lo que fue el estalinismo: la vida miserable que nada tiene que ver con el socialismo; los mecanismos psicológicos para imponer la arbitrariedad como forma de poder; el antisemitismo y el odio hacia otras nacionalidades; el debate sobre si había o no paralelismo entre nazismo y estalinismo, la falta de libertades, etc. “Sabéis que es la libertad de prensa –escribe Grossman- Una hermosa mañana después e la guerra, abrís vuestro periódico y, en lugar de hallar en él un editorial triunfante, una carta de los trabajadores al gran Stalin…¡Adivinad qué! ¡Informaciones! ¿Os imagináis? ¡Un periódico que da informaciones!”.

Pero a una novela o a un escritor no se le puede pedir una explicación o una alternativa a los procesos históricos, y más con la complejidad del estalinismo. Una excelente denuncia de lo que la perversión del socialismo por el estalinismo no garantiza una posición alternativa o de continuidad con el socialismo revolucionario. Entre los novelistas y los intelectuales encontramos evoluciones políticas de todo tipo. Leemos en Vida y destino: “No condenar, sino odiar con toda su alma, con toda su fe de revolucionario, los campos, la Lubianka, al sangriento Ejov, a Iagoda, a Beria. No es bastante, ¡hay que odiar a Stalin y su dictadura! ¡Pero no, no, mucho más! ¡Hay que condenar a Lenin! El camino conducía al abismo.” Efectivamente, es la dificultad para sacar conclusiones políticas frente al estalinismo, que a mucha, mucha gente le hizo abjurar de Lenin, a identificar leninismo con estalinismo, a identificar la barbarie estalinismo como el hilo conductor…