Manuel Isidro Molina (La Razón)

Artículo/noticia publicado/a en Kaosenlared.net en el apartado de Libre Publicación NO seleccionada por el Kolectivo Editorial

Ninguno de los dos. Venezuela está en un limbo, entrampada en la indignidad, la irresponsabilidad y la falta de decoro en el ejercicio de la política y la función pública. Si bien sus postulados son parcialmente opuestos en cuanto al peso del Estado en la sociedad y a la vigencia plena del pluralismo democrático y la participación ciudadana, en materia ética ambos son una y misma nulidad, iguales en cuanto a derroche y robo de los dineros públicos, entrega a los grupos oligopólicos y monopólicos nacionales y extranjeros, falta de visión estratégica para el fortalecimiento de la soberanía nacional o de ritmo apropiado en el proceso de integración de América Latina y el Caribe.


VOTAR O ABSTENERSE

Prácticamente, en las elecciones del próximo 3D, hay tres formas de expresarnos democráticamente: 1.- Votar por Chávez; 2.- Sufragar por Rosales; y 3.- Abstenerse, votar nulo o hacerlo por uno de los aspirantes sin posibilidades de triunfar. Pronunciarse por la opción 3, es lo conveniente, única forma de elevar poderosamente una lección popular ante los poderes fácticos que están maniobrando detrás de Chávez y Rosales, y ante las astutas y miopes dirigencias del chavismo y del antichavismo que han obstruido la marcha soberana de Venezuela por caminos de dignidad, solidaridad, justicia y paz.

Las obscenas presiones gubernamentales sobre los empleados públicos y sus familiares, los componentes militares (con derecho a voto, desde 1999) y contratistas y beneficiarios de los recursos públicos pertenecientes a todos los venezolanos, sólo tienen precedente en las épocas de Marcos Pérez Jiménez (1952 y 1957), Rómulo Betancourt (1963) y Raúl Leoni (1968). Sin embargo, lo que están impulsando Chávez y sus ricachones burócratas es realmente grotesco, por la coacción contra las personas y por el derroche de recursos públicos (dinero, bienes, propaganda, amenazas veladas, etc.). La gente con criterio propio no se arrodilla ante tal cúmulo de presiones chavistas, se rebela: se abstiene, vota nulo o vota por un tercer candidato, así no vaya a ganar, dada la insatisfacción que generan la candidatura y las propuestas de Rosales.

Con un promedio de abstención del 40% en los últimos tres procesos electorales presidenciales (www.cne.gov.ve, 1993, 1998 y 2000), y dado el clima de incertidumbre e insatisfacción popular con las ofertas políticas conocidas, no es exagerado estimar que la abstención bordeará el 45%, este 3D, a lo cual habrá que sumar los votos nulos y los votos por terceras opciones de escape, para no ser detectados por las mil mañas de coacción y control desplegadas por el gobierno de Chávez y sus ricachones burócratas, a quienes les debería dar vergüenza hablar de “Pueblo” y “Revolución”.

No vale la pena sufragar por la opción Rosales, intrascendente y retrógrada, condicionada determinantemente por la derecha neoliberal y lo peor del activismo corrupto del puntofijismo, tras la añoranza del poder perdido. Eso lo tiene claro la mayoría del pueblo venezolano, incluyendo a muchos que votarán por Rosales como opción irracional “para salir de Chávez”, al igual que otros votarán por Chávez como fórmula “para impedir la vuelta al pasado”.

No es fácil exponer la opción deslegitimadora descrita. Mucha gente no la comprende, presionada como está por la fulana “polarización” entre Chávez y Rosales. Pero, si lo vemos en perspectiva, a mediano y largo plazo, lo mejor que nos puede pasar (haciéndolo posible, con dignidad) es que del 3D emerja un poder político deslegitimado, producto de una elección con más del 50% de abstención, votos nulos o votos por terceros. Estas tres posibilidades para expresar la insatisfacción ante lo malo conocido y las exigencias populares por una política democrática de nuevo tipo (seria, decente, solidaria, contemporánea, trascendente y útil) están a la mano de las y los electores. Abstenerse es un derecho tan legítimo como votar; y votar nulo o por una tercera opción, con ánimo de protesta, son mecanismos de defensa ante la grosera coacción chavista sin obligarse a votar por Rosales.

Es perfectamente posible, el próximo 3D, darles nocaut o un revolcón a ambas expresiones de lo que no queremos. Los podemos desnudar, juntos y firmes por la dignidad de Venezuela.

4 thoughts on “Venezuela: ¿Chávez o Rosales?”
  1. Venezuela: ¿Chávez o Rosales?
    E leido la rica Venezuela?

    Si es uno de los paises de Iberoamerica donde mas crece la pobreza.

    Populismo e izquierdismo y por supuesto corrupcion e ignorancia campan a sus anchas por america del sur. Empeñada en cerrar las puertas a las multinacionales, unica forma de conseguir desarrollo para salir del atolladero.

    Pero claro la culpa la tuvo Colon ¿no?..o si no pues se la echamos a Bush que ese aun esta vivo xd

  2. Venezuela: ¿Chávez o Rosales?
    ¿El kolectivo editorial de Kaos en la red,
    no deberia llamarse Kolektivo editorial?

    internete
    1234567

  3. Las cuentas de la revolución bolivariana
    Juan Torres López, en http://www.rebelion.org, echa las cuentas de los años de “revolución bolivariana”; o sea, no da una opinión a favor, en contra, o en un tercer espacio “independiente de unos y otros” -incluidos los datos objetivos que respaldan la asi llamada independencia-, sino que echa cuentas. A veces hay más opiniones que cuentas.

    A las positivas hay que unir las negativas, claro está; y a las positivas y a las negativas hay que unir un contexto, que es lo que hace Juán Torres López al final de su artículo.

    No son pocos, por tanto, los escollos a los que se enfrenta continuamente este proceso singular y complejo (la «revolución bolivariana»)pero con una característica que se superpone sobre cualquier otra: la de haberle dado la voz y la ciudadanía efectiva (la que se expresa con el voto pero también con la posibilidad de disfrutar de derechos sociales) a millones de hombres y mujeres antes desheredados.

    En definitiva, todo estas cuestiones son las que plantea inevitablemente un proceso que pretende crear un socialismo del siglo XXI en una sociedad que padece desigualdad y pobreza del siglo XIX. Seguramente, sea la primera vez que un proceso revolucionario de esta naturaleza se da en un país que tiene dinero. Pero, desgraciadamente, no basta con tener dinero.

    Hace unos años un periodista le preguntó a Jorge Giordani, Ministro de Planificación de Venezuela, que cómo logrará el país «destetarse» del petróleo. Dice el periodista que antes de contestar suspiró como diciendo «¡qué ingenuo!» y luego le dijo: «Desde que asumimos hemos estado continuamente librando batallas políticas. Mucha gente ha aprendido a leer en los últimos años, pero ¿cuánto tiempo les llevará poder formarse para trabajar en alta tecnología, o en el campo de la medicina o de los servicios? ¿Diez años? ¿Una generación? Estamos combatiendo contra una cultura rentística, y muy individualista. Siempre lo mismo: ‘Mamá Estado, papá Estado, denme algo del dinero que produce el petróleo’. Organizar a la gente es muy, pero muy difícil».

    Louis Althusser habló alguna vez de «procesos sin sujeto». Si la revolución bolivariana tiene algo, además de todos los problemas que he mencionado, es eso: un sujeto que no parece que, de momento, esté dispuesto a dejar de serlo.

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