
En segundo lugar, en tales textos se concibe al individuo como simple consecuencia de las fuerzas sociales, económicas y técnicas imperantes, como un ser hecho desde fuera de si mismo, carente de libre albedrio, mismidad y responsabilidad. Ese sujeto exógeno, irresponsable e impotente es presentado como victima a perpetuidad de “la sociedad”, “el capitalismo”, “el Estado” o “la burguesía” (o “los hombres”, por el feminismo), lo que genera el hábito psicológico del victimismo, nuclear en la cosmovisión izquierdista, que induce al sujeto a sustituir la acción liberadora por la sempiterna queja, contestación o denuncia verbal de su situación, la cual se espera sea remediada desde afuera de si y no en lo principal desde si.
Tal melificación doctrinal de la autonomía vital y la vida interior del ser humano tendrá aciagas consecuencias. Una es la constitución de una concepción determinista del cambio social, ya estudiada, que sería la obra teorética del llamado socialismo científico, imprescindible para salir del
atolladero mental al que había llevado el punto de vista antedicho, pues
si los seres humanos (en la forma de proletarios, en este caso) son mera
hechura de potencias externas, su liberación tiene que provenir de fuerzas
de esa naturaleza y no de ellos mismos, no de su libre pensar, querer y actuar,
lo que enuncia la peor de las reificaciones y nadificaciones del sujeto.
Otra inferencia es que si las fuerzas sociales externas son presentadas
como causa única del mal social, el sujeto queda exonerado de responsabilidad,
al ser concebido como inocente victima, buena e inmaculada al
cien por cien. Tan infatuado y narcisista enfoque entra en contradicción
con que, en la experiencia, todo ser humano muestra ser una unidad de
opuestos en conflicto, una formación anímico-física altamente contradictoria,
dotada siempre de un lado oscuro y de una cantidad determinada
de mal interior, al que el sujeto queda obligado a contrarrestar, reprimir
y combatir de por vida, siendo la decisión y el acto de hacerlo una de las
expresiones capitales de realización de la bondad intrínseca potencial del
ser humano.
La negativa a considerar la naturaleza humana como una enrevesada
interacción de factores externos (de los que el sujeto no es responsable o,
mejor dicho, no lo es mas que de manera parcial) y factores internos (de
los que cabe demandar responsabilidad y asignar un grado de culpabilidad
a la persona) llevó a que el individuo medio de la izquierda se caracterizase
por poseer un tipo de personalidad irresponsable y perezosa, sin fortaleza
psíquica, insociable hasta la grosería y el autismo, desprovista de sentimiento
interior de culpa y egolátrica, por falta de impulso para mejorarse al hacerse responsable de si y del mundo, cultivar sus propias facultades
conforme a un sistema planeado y admitirse como contribuyente significativo
del mal social por la aportación de la propia maldad interior no reprimida y por omisión, involuntaria o no, respecto al mal exterior.
Texto tomado del libro de Félix Rodrigo Mora “La Democracia y el Triunfo del Estado: Esbozo de una revolución democrática, axiológica y civilizadora” (Ed. Manuscritos).