Las tomas de terreno y sus, a veces, lamentables soluciones vuelven a ocupar páginas y minutos de transmisión, de acuerdo a una dinámica de movilización social que se mantiene a grandes rasgos desde fines de la década de los ’40. Fue también una toma capitalina la que inspiró, hace 34 años, a Víctor Jara a preparar “La población”, uno de los primeros álbumes conceptuales de nuestra historia y una reflexión social de lamentable vigencia.

Marisol García

La Nación

Domingo 11 de junio de 2006

Acostumbrado para entonces a los trabajos colectivos, Víctor Jara (1932-1973) concibió intencionalmente “La población” (1972) como un proyecto a varias voces. Recién había cerrado su etapa como actor y director de teatro, y trasladaba las lecciones de cooperación artística que había aprendido sobre las tablas al álbum que sucedería a su exitoso “El derecho de vivir en paz”. Según ha escrito Joan, su viuda, el álbum “hacía pensar que los dos aspectos de la obra de Víctor empezaban a unirse y complementarse. [Él] veía grandes posibilidades en futuros desarrollos de aquel método”.

La idea había ido tomando forma en su cabeza de modo paulatino, pero se asentó luego de una conversación con un poblador de la toma Herminda La Victoria (Choño Sanhueza), adonde Jara efectuaba constantes visitas. “Compañero, si estás buscando algo sobre lo cual cantar, ¿por qué no haces un disco con la historia de nuestro barrio?”, le dijo el hombre. El cantautor viajó desde entonces a la toma siempre con su guitarra y un magnetófono, en el cual fue registrando los testimonios de los pobladores. “¡Cuántas canciones caben aquí!”, comentó luego.

“CON EL PECHO ATRAVESADO”

El dramaturgo Alejandro Sieveking, amigo y colaborador, recibió una llamada suya a fines de 1971 con la idea base para lo que luego se convertiría en “La población”, el tributo de Víctor Jara al esfuerzo vecinal de la toma de terreno más popular de esa época, y uno de los peores dolores de cabeza para la administración de Eduardo Frei. Aunque “El Mercurio” había estimado el movimiento en “unas 100 familias”, un posterior empadronamiento verificó que fueron al menos 4.700 adultos y 3.500 niños los que se instalaron ilegalmente en unos terrenos ubicados a la altura del 6.600 de calle San Pablo, en el sector entonces conocido como Barrancas.

“Tenía la idea para el disco, pero estaba sin letras, así es que me pidió que yo escribiera todo lo que pensaba sobre la toma en La Herminda”, recuerda Sieveking. “Yo, por supuesto, había leído varios informes sobre eso, pero Víctor estaba muy compenetrado y me contó algunas cosas nuevas. Sé que era algo que le impactaba mucho, como la historia de esa guagua muerta, por ejemplo”.

Efectivamente, la toma rendía tributo en su nombre a una niña llamada Herminda que recibió una bala perdida la noche de la movilización, el 16 de marzo de 1967. El tema “Herminda de La Victoria” incluye los versos: “Herminda de La Victoria / murió sin haber luchado, / derecho se fue a la gloria / con el pecho atravesado”.

En la biografía de su marido, “Un canto no truncado”, Joan Jara cuenta cómo los pobladores le relataron su organización durante esa jornada, así como el dramático incidente:

“Llegó la señal. Hombres, mujeres y niños echaron a correr, pero alguien los había delatado a la policía. Se oyeron disparos pero nada podía detenerlos… se aferraron al suelo en el que querían levantar sus hogares, con montones de objetos, cacerolas y ropas de cama a su alrededor. Alguien preguntó: ‘¿Cómo está la guagua? Herminda está muy callada. Duerme’, respondió su madre. Pero no dormía. Una bala perdida la había matado. Los ojos de la compañera Ana se llenaron de lágrimas al recordar aquel instante. La población fue bautizada Herminda de La Victoria en recuerdo de la criatura que no tuvo la posibilidad de crecer allí”.

Testimonios como el anterior le permitieron a Jara ir construyendo las letras del disco, en el cual también se escuchan sus grabaciones para voces de mujeres, la poesía de un niño y ruidos de animales. Su investigación recorrió también otras poblaciones capitalinas (Violeta Parra, Lo Hermida, Los Nogales, El Cortijo), para unir luego todo aquello en el relato de una sola organización social, cuyas inquietudes y anhelos guardan hasta hoy una sorprendente vigencia. Según un
documento sobre la Nueva Canción Chilena del historiador Claudio Rolle, “la producción es muy elocuente al situar a los pobladores como sujetos de la historia (…) y destaca por la distancia de los tonos quejumbrosos con que en ocasiones se presentó el mundo poblacional. Por el contrario, aparece como una manifestación de confianza en los desposeídos y marginados, constructores del futuro y del propio destino”.

LAS ACTIVAS “COLIGÜILLAS”

De los textos de Alejandro Sieveking salió “Lo único que tengo”, el magnífico tema con voz de Isabel Parra que avanza sobre una mujer sin familia y con apenas sus manos para ganarse la vida. “El hombre es un creador” y “Luchín” habían sido compuestas previamente por Jara, pero calzaron con el espíritu general del proyecto (el primero haciendo alusión a la disciplina del llamado “maestro chasquilla”; el segundo, un saludo cariñoso a un niño adaptado por Armando Iribarren y Quena Arrieta, grandes amigos de Víctor y Joan).

Es la actriz Bélgica Castro la que asume la voz de una pobladora en “La toma”. También se escuchan la guitarra de Pedro Yáñez y la colaboración de dos grupos de voces jóvenes: Huamarí (masculino) y Cantamaranto (femenino), este último integrado por una alumna suya, Teresa Carvajal.

Jara desarrolló durante un tiempo talleres creativos al interior de la toma. Según Sieveking, acciones como ésas “hoy parecen románticas, pero entonces tenían una lectura práctica”. Una de sus intenciones era que el disco lograra transmitir la lucha épica del esfuerzo poblador, pero también las anécdotas hasta graciosas con las que se urdía lo cotidiano. La primera cara del disco mantenía un tono dramático que se rompe apenas iniciado el lado B con la tonada “La carpa de las coligüillas”, sobre las prostitutas activas en la toma, que las hubo.

Concuerda Isabel Parra: “A pesar de lo árido del tema, Víctor hizo algo tan alegre”. Títulos como “El hombre es un creador” y “Sacando pecho y brazo” son animosas relecturas de los ritmos campesinos chilenos.

No existían en Chile antecedentes de un álbum como éste, con una progresión dramática que de algún modo recogía las enseñanzas de las cantatas, aunque de acuerdo a arreglos vocales e instrumentales mucho más sencillos. En tal sentido, puede describírsele como uno de los primeros álbumes conceptuales de nuestra canción. Se emparenta también con “Herminda de La Victoria”, largometraje de Douglas Hübner, estrenado en 1968.

La carátula del álbum incluía una dedicatoria “a todos los pobladores de nuestro país. A sus combates y sus victorias. A sus dolores y a sus alegrías. A los hombres y mujeres que sacrificaron sus vidas para que sus hijos tuvieran un lugar donde vivir. A todos los que ahora tienen su nueva vivienda”. Según el propio Víctor Jara, “La población” le permitió comprender que la conexión con el pueblo debía ser más empírica que teórica. Así lo explicó hace ya 34 años:

“Lo único que anhelo es haber sido en mis composiciones tan sincero como todos esos pobladores que abrieron su alma para entregármela. Este disco deja como experiencia que la mejor escuela para el cantor es la vida”.