
He descubierto a la dibujante y escritora Phoebe Gloeckner -y sus obras «Vida de una niña» y «Diario de una adolescente»- gracias a un artículo de «Diagonal» (nº 106) sobre ‘cómic feminista’:
La infancia, la adolescencia, el alcohol, las drogas y el sexo son parte de la ambientación. Phoebe, de nuevo, denuncia el abandono emocional y los abusos sexuales que sufrieron muchas de las niñas que crecieron durante la llamada ‘revolución sexual’, muy conseguido esta vez vía el sórdido realismo de sus ilustraciones. Y nuevamente, es la crónica de un proceso de madurez que se consigue incluso desde las condiciones más traumáticas.
Aquí va algo de información reunida desde la web http://www.entrecomics.com. Por mi parte, recomendar estas obras editadas en castellano por editorial «La Cúpula» -en 2005 y 2007, respectivamente-: no todos los días podemos dar con libros que tratan de una persona que camina hacia al mundo adulto sin frenos, sin pausas y sin ninguna guía, y lo hacen sin asomo alguno de moralina ni de hipocresía posesiva. Ojo también a los textos finales sobre el proyecto dedicado a los crímenes contra mujeres en Ciudad Juárez.
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Lecturas: «Vida de una niña», por Sergio Morales.
Phoebe Gloeckner es una autora de cómics desconocida. Normal, cuando su producción se limita a las dos recopilaciones Vida de una niña y Diario de una adolescente. En el libro que nos ocupa se recogen las historias cortas que ha realizado la autora a lo largo de veinte años. Sin ánimo de ser publicados, sólo como instrumento para expulsar los demonios internos, Phoebe Gloeckner descubre en sus dibujos una vida desgarradora, un sentimiento angustioso, con el nudo en el estómago y la rabia contenida, el ansia de canalizar todos sus ahogos hacia el exterior. No hay coherencia argumental entre los distintos relatos, el único nexo común es el de mostrarnos las distintas etapas de la mujer moderna. La niña que sufre abusos por parte de un padrastro aborrecible, la adolescente que se interna en el mundo de las drogas y el libertinaje propio de finales de los 60 y principios de los 70, y la mujer casada insatisfecha con su vida. Tres periodos que reflejan de forma cruda y sin alardes, sinceramente reales, el desasosiego y la inconformidad de una autora que se sirve del cómic para dar un puñetazo en la mesa y mostrarnos la parte más vil de una sociedad condescendiente con la misoginia. Gloeckner nos asesta un certero golpe en lo más profundo de nuestra hipocresía. Ataca al hombre, pero tampoco disculpa a la mujer sometida a los caprichos. No deja títere con cabeza para dejar bien a las claras cuánto miserable se aprovecha de la inocencia.
Sorprendente la capacidad de análisis y la madurez que una jovencísima Gloeckner nos muestra en sus historias más primerizas. Dibujados a escondidas, ocultados al resto de gente, estos dolorosos garabatos servían a la pequeña niña para expulsar toda su incredulidad y, posteriormente, su odio hacia un padrastro abusivo. La turbia y agitada adolescencia de la autora le lleva a integrarse en un mundo underground muy propio de la época, y con aquel estilo de dibujo que despuntaba en la América más indie consigue presentarnos una urbe y una forma de vida sucias. Se dedicaría después profesionalmente a la ilustración médica, tal como se demuestra en varias ilustraciones incluidas al final del libro. No hay que buscar, pues, teniendo en cuenta que las historias se han creado desperdigadas a lo largo de veinte años de la vida de la autora, una coherencia gráfica. Gloeckner dibuja lo que y como le pide el cuerpo.
La obsesión por las drogas y el sexo le atenaza durante toda la obra. El miembro viril está siempre presente, más que como aparato reproductor, como alegoría de la depravación del hombre. Tanto en las historias de niñez, donde descubre a su padrastro en el cuarto de baño y ya reza «běž do peklo, čuraku!» (si no me equivoco: «¡corre al infierno, cacharro que mea!»), como en las historias adolescentes donde unos chicos se sirven de las drogas para abusar sexualmente de una inconsciente sosias. Las ilustraciones finales desgranan la utilidad del pene, le restan el peso de poder sexual para mostrárnoslo como un simple órgano compuesto de glándulas y cuerpos cavernosos. Al final, todo se reduce a vísceras, y desde las entrañas de una mujer dura y lúcida podemos leer esta Vida de una niña.

Entrevista, por Rebecca Bengal (copio aquí algunos fragmentos).
… No me costó encontrar mi estilo (prefiero llamarlo “voz”, porque creo que la palabra sugiere más complejidad, implicando la cualidad de la forma y el contenido). Sin embargo, me cuesta hacer mi trabajo “trabajo”, y no puedo predecir si lo voy a conseguir con calma o con una feroz evisceración de la psique.
Mi interés en la medicina, la biología y otros aspectos de la ciencia me llevaron a centrarme en la ilustración médica en la universidad. Estaba bastante segura de que no quería se científica o médico, pero quería cultivar mi comprensión de lo que es el ser humano, corpóreo, de una forma que fuera natural para mí –mediante la observación. También había admirado siempre el dibujo médico antiguo, habiendo estado en contacto con él a través de mi abuelo, un chatarrero que amaba los libros y relojes antiguos, y por otra parte mi abuela, que era médico.
… Quería decir que no me gusta estar limitada dentro de ningún medio. Me gusta sorprenderme y entretenerme (y sobre todo, torturarme) a mí misma zigzagueando delante y atrás entre las imágenes y las palabras de todo tipo, y tratando de crear un trabajo que al final parezca “de una pieza”. Por eso me resisto a llamarme a mí misma “autora de cómics” [«cartoonist»]. No parece que describa lo que yo hago. Hablé con Gary después de terminar The Diary of a Teenage Girl, y en ese momento, sentía que había tenido éxito dando lo mejor de mí para crear un libro que era un híbrido de distintas formas [artísticas]. Y, al límite de mi habilidad, había logrado hacerlo de una forma que no parecía un batiburrillo de cosas. Al menos, eso es lo que esperaba.
Cuando dije que sentía que estaba dispuesta para algo más, supongo que quería decir que no pretendía continuar ese libro con otro con la misma forma. Quería trabajar con medios más plásticos que la tinta y el papel.

… Aline Kominsky y Diane Noomin están obsesionadas con el detalle visual — diseños minuciosos, hebras de cabello. Cada una de estas artistas tiene un oido agudo para las idiosincrasias del diálogo y los gestos, aunque su trabajo es bastante diferente. Los personajes de Aline son física y psicológicamente desgarbados, enfrascados en un incesante diálogo interior. El personaje temperamentalmente nervioso de Diane, Didi Glitz, está camuflado en el gráficamente efervescente ambiente que [Diane] redecora constantemente. Su libro [de Aline y Diane], Twisted Sisters, que leí a mediados de los ’70, con 14 años, me llevó a considerar intentar hacer cómics yo misma.
Este tipo de libro ya me era familiar –había estado leyendo en secreto las copias de mis padres de Zap Comix desde los 10 años. Los cómics underground eran producidos por individuos –eran de la variedad “de autor”, más que el tipo de cómic producido en serie enfocado a agradar a una gran audiencia en general. Los cómics mainstream nunca me gustaron: me parecían estériles en su consistencia estilística, y eran consumidos rápidamente, las historias tenían interés sólo durante el tiempo que estabas leyéndolas.
Los cómics underground eran llamativos porque parecía que nunca antes se habían editado –en un libro típico, con historias de cinco a diez autores, algunas historias podían ser sorprendentemente malas, y otras asombrosamente brillantes. Era una combinación animada y excitante. El dibujo y las historias, buenas y malas, eran todas muy diferentes –me quedaba contemplando las páginas y perdía la noción del tiempo. Me encantaban The Checkered Demon y Star-Eyed Stella (S. Clay Wilson), Big Bitch (Spain Rodriguez), y todas las historias de Robert Crumb, especialmente Pete the Plumber y The Adventures of Whiteman. Era un mundo donde todo podía pasar, y yo quería ir allí.
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Beca para un trabajo sobre Ciudad Juarez

Phoebe Gloeckner acaba de ganar una beca Guggenheim por su trabajo utilizando técnicas tridimensionales en Perla, girl of Ciudad Juárez sobre el asesinato de una chica mejicana. Según afirma aquí, la autora usará la financiación para terminar el proyecto. En este vídeo pueden verse imágenes de dicho trabajo.
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Entrevista, por «Palabras de arena» (copio aquí algunos fragmentos).

… Ha sido un largo camino. No sé por qué se insiste tanto en darle carpetazo al feminismo. Se piensa erróneamente que la mujer está liberada y, por ende, que la mujer profesionista, la intelectual y la económicamente favorecida se encuentran en la cima de todo el género, con un sinfín de posibilidades para elegir. Lo cierto es que no.
Por ejemplo, cuando me invitan a una convención de cómics muy importante, como la Alternative Press Expo en San Francisco, o a cualquier otra de la misma envergadura al lado de los grandes como Matt Groening (creador de Los Simpson), sólo lo hacen para cubrir la “cuota” de género, porque nunca, NUNCA, me incluyen en las ponencias magistrales o los talleres, etc., en fin. No toman en serio mi trabajo como artista. Yo estoy ahí en mi stand, la gente pasa, ve mi obra (o la de cualquier otra chica) y dice: “Wow, una mujer entre tanto artista e intelectual, hombro a hombro con los creadores masculinos más importantes. ¡Viva la liberación femenina!”. Pero no.
Las artistas siguen en el estúpido escaparate de exhibición decorativa… Si nosotras no hemos avanzado como debiera ser, y eso que se supone somos las “liberadas”, ¿en qué condiciones estarán las demás mujeres?. Piénsenlo.
… Entonces, cierto día vengo a Juárez, no puedo decir que no estaba intrigada por el tema del feminicidio, pero ése fue un segundo motivo. Cuando camino por las calles y los lugares donde se han perdido tantas mujeres y donde han encontrado los cadáveres de otras tantas, ¿sabes lo que es eso?, ¿lo impactante para una “gringa” con la carga sociocultural que ello implica, bajo circunstancias receptivas tan familiares y a la vez tan distantes? Saber que en el mundo existen atrocidades tan asquerosas e injustas como mutilar a una mujer durante el acto sexual…
… Lo primero que me pregunté fue: ¿Por qué dar muerte por medio de un acto con el que se supone corresponde dar vida y placer?. Entonces, claro que se me cuestionó, incluso much@s mexican@s fueron l@s primeros en señalarme por ello. Se me acusó de ser una gringa que no tenía por qué meter su cuchara. Sin embargo yo soy mujer, tengo hijas y creo que si dentro de mis posibilidades está gritar para que las de mi género no sufran esas vejaciones, y si una manera de hacerlo es por medio de los ecos internacionales, sin pensarlo lo haré.
Además el problema de los feminicidios no sólo envuelve un hecho local. Desde el momento en que se habla de la migración como uno de los factores intrínsecos. Por lo tanto, al dejar de ser un hecho aislado se convierte en un problema de salud pública y como tal nos compete a TOD@S.
… P. de A.:¿Entonces también crees en la escritura como un acto político?
Claro, y quien diga que no lo es seguramente escribe en el viento o lo hace para su diario íntimo…
… Ésa es una respuesta importante, creo que todo artista quisiera encontrarse con el Lector Ideal, pero desgraciadamente eso no lo podemos controlar. Ahora que visto desde una perspectiva personal me ha creado conflictos porque he querido regalar mis libros a personas que estimo, sin embargo, por los tabúes sexuales de los que hablamos me da miedo que no entiendan la obra desde una perspectiva crítica y analítica, y al hacer una lectura superficial me malinterpreten a mí como persona y como amiga, no como artista.
¿No sé por qué se insiste en dar carpetazo al feminismo?
Enlace (El País): El intelectual Rainer Röhl, acusado de abusos a su hija.
«Uno de los hombres más ilustres, entre quienes de manera abierta propagaron la pedofilia, fue Klaus Rainer Röhl, mi padre». Con estas palabras, Anja Röhl abre su artículo en la revista Stern, en el que denuncia a su padre, figura clave de la izquierda en Alemania, marido de Ulrike Meinhof, de haber abusado sexualmente de ella desde los cinco hasta los 13 años. Tras los escándalos de violencia sexual contra menores en internados, que ha abierto un intenso debate, Anja Röhl ha reunido las fuerzas para denunciar los hechos.
«Vida de una niña» y «Diario de una adolescente», de Phoebe Gloeckner
Pronto en sus pantallas, una película basada en estos cómics.
Hasta entonces, ahí queda el prólogo que Robert Crumb escribió para «Vida de una niña» (traducción de Lola Pérez Pablos para la edición de La Cúpula, 2005):
«Phoebe me pidió que escribiese esta introducción y le respondí que “encantado”. Y realmente lo estaba, porque me apasionaba su trabajo y me alegro mucho de que esté a punto de publicarse este pedazo de tomo recopilatorio, pero la verdad es que a la hora de ponerme a hacerlo lo pasé fatal. Voy a confesarlo: la verdad es que soy como cualquiera de los tíos despreciables que aparecen retratados en estas historietas. Yo también deseé a la joven artista, dibujante en ciernes, desde el momento en que la conocí, cuando ella tenía dieciséis o diecisiete años. Yo también deseé someter a esta bella y animosa muchachita a todo tipo de actos degradantes y pervertidos. La única diferencia fue que yo nunca fui más allá de llevarla a caballito. ¿Y por qué? ¡Porque soy un tío demasiado majo! No supe convertirme en un manipulador maquiavélico, como todos esos tipos. Me sentía demasiado culpable como para hacer algo así. Pero en el fondo… ¡Cuánto deseaba a la joven Phoebe! ¿Me la chupó en algún momento? ¡Ni una vez! ¡Nada! Volvía a casa sintiendo pena de mí mismo, como de costumbre. (¿Acaso no somos horribles los hombres?). Yo era un tipo agradable, decente, y tenía una conciencia, o al menos eso me gustaba pensar. Mientras, la artista y protagonista de estas historietas era manejada, camelada, engañada e intimidada para que se estregara por entero, inmaculada, inocente y maravillosa, a un canalla integral; y a continuación, tal y como muestran estas historietas, a una serie de imbéciles, gilipollas, delincuentes y cerdos asquerosos. Joder, ¡ella era guapísima! ¡Una de las mujeres más impresionantes que he conocido! (Y sigue siendo guapa. ¡Es increíble descubrir a través de sus cómics que ella no tenía ni idea de lo atractiva que era!).
Recuerdo perfectamente la noche en que la conocí en un bar de la calle Polk de San Francisco. Estaba con su madre. Habían venido a escuchar a mi grupo, los Cheap Suit Serenaders. No sólo su aspecto era perfecto. Sus ojos brillaban con una intensidad inaudita. Revelaban que estaba a punto de estallar, de quemarse. Era silenciosa, pero parecía una dinamo que irradiase una especie de energía difícil de transmitir al mundo de un modo “normal”. No es de extrañar que se haya convertido en una artista tan potente. Me alegré por ella cuando supe que estaba haciendo cómics autobiográficos, ¡qué mejor modo de canalizar toda su fuerza interior! Phoebe es auténtica; es una artista que se ve obligada a llevar a cabo su trabajo para evitar explotar o desintegrarse. Eso está clarísimo. Es algo que se ve en su mirada.
Cuando era una dibujante novel adolescente, Phoebe admiraba mis cómics y los de mi compañera, Aline Kominsky. Para ella éramos una especie de héroes en forma de dibujantes alternativos. Después me confesó que soñaba con escaparse de casa, ¡para irse a vivir con nosotros! Siento decir que no hubiera sido una buena idea. Me habría portado mal. No habría sido capaz de resistirme. Hubiera sido desagradable para todos, y una desilusión para la pequeña Phoebe. (La llamábamos “pequeña Phoebe” porque su madre también se llamaba Phoebe). Ahí van más datos sobre ella: es una mujer muy dura, física y mentalmente. Tiene la cualidad de ser indestructible. Ha sobrevivido a una juventud que habría acabado con más de uno. Lo ha superado todo y aparentemente sigue fresca, lúcida, saludable y plena. Supongo que posee unos genes excepcionalmente buenos. Quizás tenga algún problemilla de autoestima, pero en general parece hecha para aguantarlo todo. Se recupera… de cualquier cosa. No puedes evitar asombrarte frente a una persona como ella.
Además, es una profesional consumada de la ilustración médica. Si creéis que para eso no se precisa mucha autodisciplina, ¡intentadlo alguna vez! Creo que es gracias a dicho trabajo como se gana la vida principalmente, ya que pone tanto mimo en sus cómics que terminar una página le debe llevar la tira de tiempo, imagínate una historieta entera… Es imposible vivir de ello. Ésta es, en parte, la razón por la cual no ha sido una artista de cómics demasiado prolífica. Sin embargo, considero que su historieta “El tercer amor de Minnie o Pesadilla en la calle Polk” es una de las obras maestras del cómic de todos los tiempos… ¡De lo mejorcito!
Febrero, 1998
P.D.: Perdóname, Phoebe, por contarle al mundo –y a ti- cómo te deseaba. Era el único modo de escribir acerca de tu trabajo con sinceridad. Tenía que decir la verdad o callarme. No soy capaz de separar las cosas. No he podido dejar de lado mis sentimientos hacia ti, por vergonzoso que resulte para todos… O tal vez sea que no me ha dado la gana…».
¿No entiendo el carpetazo al feminismo?: a ratos sí
«Yo con las feministas de mierda. Siempre
A mi, el feminismo, me hizo libre, consciente de los no límites de mi placer y de mi cuerpo, me ayudó a entender el mundo, a quitarme la culpa, las dependencias emocionales, los castigos por no poder llegar a ser quien no existe, a salirme del rol de cuidados y de todo lo que ya sabemos.
El feminismo me dijo que dejara de juzgarme, me saco de la prevención y del miedo para educarme en el gozo, me enseñó a frotarme el corazón y el coño para conseguir disfrutarme.
Y resulta que sin darme cuenta estoy más pendiente del filtro de algunas “compañeras” que se construyen sus identidades a través de posiciones de poder, que del mío propio ¿Pero qué dinámicas de mierda estamos reproduciendo? ¿Quiénes nos creemos para decidir lo que vale y lo que no en las otras? ¿Quién nos ha subido a ningún pedestal para ser jueces de línea? ¿Desde qué posiciones de poder nos atrevemos a juzgar y sentenciar al resto?
Total, que si no te corres a chorros, no tienes orgasmos exclusivamente estimulándote el clítoris, tus fantasías no pasan la censura de la inquisición, no usas la copa de luna, no te has deconstruido, construido, deconstruido, construido, deconstruido y vuelto a construir la estética, los modelos de amor, el género, los comportamientos, la relación con tu reglote,… si no tienes un grupo nomixto, un grupo de autodefensa, una comisión de feminismos en cada maldita asamblea en la que te salga del coño participar y no has encontrado las 7 bolas de dragón colocadas por Simone de Beauvoir antes de morir, ERES UNA FEMINISTA DE MIERDA.
Lo siento, pero yo ya necesitaba escribir esto. Renuncio al carnet de feminista, lo rompo en mil pedazos y cuando consiga superar una frustración que arrastro de dos años y correrme en squirting, lo haré también sobre él.
Porque tener que modificar mi vida, mis tiempos, mis deconstrucciones y mis formas de follar para que ciertas señoras me otorguen el estatus de feminista, directamente, ME SECA LA VAGINA.
Muerte a la policía del feminismo y del activismo. Casi que si me apuras, muerte al activismo también ya de paso. Prometo que voy a poner todo mi empeño en destruir lo que me quede de pedestal, ¿Para qué voy a hacerme las pajas en el ego pudiéndome tocar en la parte de atrás del autobús? La política no se hace desde ahí.
Estoy harta de estar pendiente de que no penséis que la cago. De dar poder al criterio de personas en las que, además, la autocrítica brilla por su ausencia. Habéis convertido un discurso en un producto de consumo y os dedicáis a verificar subjetividades pseudorevolucionarias según los criterios que salen de vuestra santa chochetada, todo esto a precio de follower, claro.
Porque además siento que toda esa vigilancia sobre el resto se ejerce desde unos roles de poder que sólo son mierda, mierda que huele muy mal.
¿Qué coño hacemos citando a Butler, Foucault o a Goldman para explicar como empoderarse, desde nuestra casa? Compañeras, que mientras nos hacemos pajas con los femipuntos, los femiartículos, los femituiters, las femimanis, los femicomunicados y las femimovidas, hay mujeres allá afuera que ya se están follando la empoderación y el mundo es suyo, sin títulos ni hostias.
Total, que renuncio a todos los honores y al estatus que proporciona el carnet de oro y me reivindico como feminista de mierda: Porque uso tampones, reproduzco machismos, lloro con las bodas y las pedidas de mano, me equivoco, consumo cultura mainstream, me cuesta meses superar rupturas, me encanta pintarme las uñas y ponerme una mascarilla los domingos, tengo amigos machirulos, los quiero y los acompaño en todos sus procesos como me acompaña mi gente en los míos propios, soy una porquería de tía cis, me aburre y me irritan los juegos de ego y poder por dominar un ideario que, al fin y al cabo, nos salva la vida a todas y porque soy capaz de correrme solamente con penetración. Incluso con penetración por el culo. No voy a liderar luchas que no sean la mía propia por mejorar cada día.
De quien diga lo contrario, me fío tres cagaos.
Se acabó la expropiación de mi autonomía, se acabó el ceder a otras la potencia insurreccional de mi cuerpo.
Joder. Qué gustazo».
Enlace: https://joderhermana.wordpress.com/2015/01/13/yo-con-las-feministas-de-mierda-siempre/
Sobre Ciudad Juárez _Phoebe Gloeckner
Las estadísticas de asesinatos de mujeres en Estados Unidos no son tan diferentes de las de Ciudad Juárez
En otro artículo de Tortuga hay más información sobre el proyecto de Phoebe Gloeckner sobre Ciudad Juárez, esperemos que la película de «Diario de una adolescente» le dé un empujón: http://www.grupotortuga.com/Mujeres-justicia-y-Ciudad-Juarez
«Vida de una niña» y «Diario de una adolescente», de Phoebe Gloeckner
Vídeos de Phoebe Gloeckner habla que te habla sobre su vida, la película y esas cosas:
https://www.youtube.com/watch?v=_nkOYzBSjrM
https://www.youtube.com/watch?v=lNaYla3VXac
https://www.youtube.com/watch?v=f9BoaJJ-6sk
«Vida de una niña» y «Diario de una adolescente», de Phoebe Gloeckner: acostarte con tu padrastro no te hace más fuerte
Resumen de la reseña de la película ‘Diario de una adolescente’ publicada por Sara Doyle: http://inthesetimes.com/article/18301/diary-of-a-teenage-girl-a-raw-intimate-view-into-the-minefield-of-adolescen
* La película ‘Diario de una adolescente’, basada en el cómic de Phoebe Gloeckner, ha sido justamente aplaudida por mostrar a una adolescente de 15 años afirmando el poder de su sexo. Pero esta película, y una avalancha de críticas que la acompañan, alertan sobre cómo la cultura del abuso y el patriarcado pueden pervertir dicha afirmación.
El cómic de Phoebe Gloeckner es oscuro, aterrador, violento, completamente antisentimental. No hay estereotipos de la psicología popular, ni garantía de final feliz. La película de Marielle Heller, que se beneficia de las excelentes interpretaciones de todos sus actores, ha sido recibida por las críticas como la película feminista más importante del año, pero poda mucho de lo doloroso del cómic, quizás porque se trata de situaciones que serían duras de ver en imagen real; por el camino, se pierde mucho del contexto político que hace del cómic una obra tan importante -la propia Phoebe Gloeckner, que aprueba la película, ha dicho que sin embargo la siente suavizada-.
Después del divorcio de su madre, la vida de Minnie, la protagonista del cómic, tiene lugar sin ninguna supervisión por adultos. El sexo se le presenta como una forma de placer, el afecto no se considera natural y no hay límites; el amante de su madre, que todos y todas podemos identificar inmediatamente como un saco de basura, es visto de inmediato por Minnie como el único adulto que le presta atención, y que al menos la toca. Pero a partir de aquí empieza una gran diferencia: si en el cómic vemos el mosconeo del padrastro respecto a Minnie, en la película vemos como Minnie seduce a Monroe.
Según los responsables de la película, mostrar a una Minnie más activa es muy importante para ellos. Pero a la mitad de la secuencia en que Minnie se muestra activa, si se levanta la cabeza en la sala lo normal es encontrar que entre el público destaca un gran número de varones de mediana edad que han entrado solos – confío en que entiendan que Monroe no hace lo correcto y que entiendan por qué Minnie no se da cuenta.
Minnie es capaz de hacer un romance de esta relación, sedienta como está de ser amada -de encontrar una puñetera figura paterna-. No ha llegado al punto de distinguir entre «Alguien me quiere» y «Alguien me quiere follar». Pese a sus límites, ‘Diario de una adolescente’ merece el mayor elogio por dejar claro que Minnie tiene claro que le gusta el sexo y lo busca, pero también por mostrar que esos sentimientos y deseos conllevan más soledad y dolor para una mujer que para un hombre.
La idea de que la sexualidad femenina da poder es un tópico del feminismo industrial, tipo «Sexo en Nueva York»: atrae a los hombres y lograrás lo que quieras, etc. Por reacción, surge un paternalismo feminista que denuncia a la mujer que busca sexo como esclava del patriarcado. Lo bueno de ‘Diario de una adolescente’ es que abre las puertas a la honestidad por encima de estas verdades a medias. Minnie sigue su propio camino para afirmar las capacidades de su cuerpo y su derecho al placer, pero no afirma «el poder sexual de las mujeres», sino que intenta afirmarlo en un contexto de cultura de la violación y de patriarcado. Cualquier mujer se encuentra en sus relaciones con que la mayoría de los varones heterosexuales -cuya sexualidad se considera ‘sana’ por definición- no afrontan la prueba de fuego de una mujer que siente honestamente poder y alegría por su cuerpo.
Es muy raro ver una película que trate este proceso con honestidad y con respeto hacia la mujer que está en su centro. En esto, ‘Diario de una adolescente’ es valiente e innovadora. Me hubiera gustado que hubiese sido más valiente al representar la prueba de fuego que representa un personaje así, pero lo ilumina con una luz valiosa.