José A. Pérez

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Me pregunto por qué el creacionismo tiene tan poco predicamento en España. Después de todo, esta doctrina cumple los principales requisitos para diseminarse como la espuma: es falaz, es estúpida y es acientífica. Y sin embargo, resulta difícil, casi imposible, toparse en nuestro país con personas que nieguen abiertamente la teoría de la evolución.

Según un estudio del British Council realizado en 2009, el 30% de los estadounidenses rechaza la teoría enunciada por Darwin. De los países estudiados solo Egipto parece ser más irracional; nada menos que un 63% de los egipcios es creacionista.

España sale bastante mejor parada. Aquí solo (percátese, por favor, de la cursiva), 8 de cada 100 ciudadanos cree que fuimos creados por un dios hace relativamente poco. Solo dos países nos ganan en darwinismo: India, con un 4% de creacionistas, y China, con un 6%.

Más de tres millones y medio de españoles están convencidos de que una deidad hizo ‘chas’ y aparecimos sobre la faz de la tierra con nuestra actual formaPor supuesto, habrá quien considere que, con todo, el porcentaje de creacionistas en nuestro país es desmedido. Y sí, lo es. Si damos credibilidad al estudio de British Council, más de tres millones y medio de españoles están convencidos de que una deidad hizo chas y aparecimos sobre la faz de la tierra con nuestra actual forma (es decir, como homo sapiens). Repito: más de tres millones y medio.

Estamos, no obstante, en la cola de la lista mundial de países creacionistas. No me digan que no es extraño en un país tan religioso como éste.

Quizá se deba a la nula atención que el poder político y los medios prestan a este asunto. Ni siquiera los medios de comunicación más conservadores le hacen el menor caso.

¿Una asignatura más en las escuelas?

En Estados Unidos la presión para que el creacionismo se enseñe en las escuelas, como alternativa o complemento a la teoría de la evolución, es creciente. Siete Estados ya exigen a los colegios que se enseñen las teorías de Darwin desde un punto de vista crítico (que es la forma elegante de decir que deben ponerse en duda). Y dos Estados (Mississippi y Luisiana), han legislado para que los profesores puedan exponer en clase la alternativa a la evolución.
En el terreno mediático la cosa no está mucho mejor en el país de las libertades. La cadena FOX (la de los muy liberales Simpsons, por cierto), suele dar cabida a representantes del creacionismo en debates y espacios publicitarios.

Capítulo aparte merece el actor Kirk Cameron, a quien probablemente recuerde de la serie Los problemas crecen. Cameron es ahora un activo defensor del creacionismo. Incluso tiene su propio programa al respecto, un engendro llamado The Way of The Master.

Aquí le vemos, junto al copresentador del programa, explicando cómo Dios creó el plátano sin la menor duda:

La relación del Vaticano con las teorías de Darwin ha sido y sigue siendo conflictiva. Si bien la evolución es oficialmente aceptada, Benedicto XVI rechazaba, hace solo dos años, que la existencia del hombre pueda deberse al azar. El posicionamiento de la Iglesia católica, sin embargo, no es, ni de lejos, tan radical como el de los creacionistas.

Para éstos, yacimientos como el de Atapuerca son pruebas de fe que el Creador deja por el mundo para medir la firmeza de nuestra (su) fe.
Eso sostiene el biólogo australiano Kenneth Alfred Ham, que está convencido de que el Génesis debe ser interpretado literalmente. Ham es el creador del único museo creacionista del mundo, Creation Museum. Está ubicado en Kentucky y su eslogan dice: Prepare to believe. 

Tanto en sus escritos como en su museo, Ham sostiene que el universo fue creado hace 6.000 años. Por Dios, claro. Y que el diluvio universal tuvo lugar hace unos 4.500 años. Esto, lógicamente, implica que el ser humano coexistió con los dinosaurios y así lo refleja Creation Museum, donde pueden verse triceratops con sillas de montar.

¿Ganará adeptos el creacionismo en nuestro país? Se abren las apuestas. Yo digo que sí, pesimista que es uno. Si ha triunfado la celebración de Halloween y los refrescos de litro, no hay razón para dudar del éxito de esta doctrina. Después de todo, ¿a quién no le gusta pensar que una vez cabalgamos dinosaurios?

Fuente: http://blogs.elconfidencial.com/tecnologia/no-me-creas/2014-01-08/y-al-septimo-dia-dios-creo-el-creacionismo_73444/


La evolución es una teoría, pero también es un hecho

José A. Pérez

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El creacionismo es una opción válida para explicar el origen del hombre dado que la teoría de la evolución solo es una teoría. Es lo que opinaron varios lectores tras la lectura del artículo «Y al séptimo día Dios creó el creacionismo». El debate, agresivo como lo son casi todos en internet, empezó en los comentarios para trasladarse luego a las redes sociales.

Algunas personas aparentemente racionales tomaron parte en él solidarizándose con la postura de los creacionistas ya que, en fin, si la evolución es una teoría debe tener un margen de error más o menos considerable, ¿no?

En el epicentro de la discusión se encontraba la polisemia del término «teoría». Echemos mano de la RAE. Según el diccionario, una teoría es:

Uno. Un conocimiento especulativo considerado con independencia de toda aplicación.

Dos. Una serie de las leyes que sirven para relacionar determinado orden de fenómenos.

Tres. Una hipótesis cuyas consecuencias se aplican a toda una ciencia o a parte muy importante de ella.

Obviamente, la evolución no es un conocimiento especulativo ni tampoco una hipótesis. ¿Es entonces una serie de leyes? ¿No es una ley algo más… demostrado que una teoría?

Juan Ignacio Pérez, biólogo y responsable de la Cátedra de Cultura Científica de la Universidad del País Vasco, considera que “el término teoría científica es bastante impreciso porque se usa para denominar cosas con diferente estatus. La teoría de la relatividad, por ejemplo, es un modelo que se considera provisionalmente verificado porque hasta ahora no se ha conseguido refutar. El modelo funciona bien, da buena cuenta de las observaciones y de experimentos. Pero puede ocurrir que dentro de unos años le pase lo mismo que a la física newtoniana, que, sin perder validez, quede subsumida en un modelo explicativo del funcionamiento del universo más amplia.”

José Ramón Alonso es neurobiólogo y catedrático en la Universidad de Salamanca. Alonso sostiene que, cuando se escribe sobre evolución, es preferible omitir la palabra teoría. “El problema”, dice, “es que la interpretación científica de teoría no es la que existe en un porcentaje significativo de la población general, que considera que una teoría es una explicación posible, una entre varias alternativas, igualmente respetables. Así se entiende mejor que un porcentaje importante de la población no crea en la evolución que para un biólogo es como no creer en la gravedad o en que la Tierra gira alrededor del Sol.”

Si alguien piensa que la Tierra tiene 4.000 años de edad o que los hombres cazaron alguna vez dinosaurios es un ignorante. Y no podemos enseñar en las escuelas las opiniones infundadas de ignorantes“Aunque la teoría de la evolución puede considerarse un modelo”, dice Juan Ignacio Pérez, “en realidad es más que un modelo. Yo creo que tiene, en ese sentido, la teoría de la evolución tiene un estatus diferente a la teoría de la relatividad. Se puede decir que la evolución es un hecho. Los mecanismos propuestos, selección natural y selección sexual, están sobradamente verificados.”

La evolución, por tanto, es una teoría pero es también un hecho. En ciencia eso no es incompatible.

Así zanja Jose Ramón Alonso el debate: “Si alguien piensa que la Tierra tiene 4.000 años de edad o que los hombres cazaron alguna vez dinosaurios es que es un ignorante”, zanja José Ramón Alonso. “Y no podemos enseñar en las escuelas las opiniones infundadas de algunos ignorantes”.


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