En el mensaje a las tropas de ayer, televisado por el tierra mar y aire de los medios de comunicación patrios, Zapatero, entre otras mentiras, les decía a los soldados españoles invasores que están representando a todos los ciudadanos del estado, los cuales “nos sentimos” profundamente orgullosos de su entrega, heroísmo y abnegación, y los tomamos como uno de los mejores referentes y ejemplo a seguir. No hace falta argumentar hasta qué punto contiene falsedad ese discurso rimbombante que pretende convertir en unanimidad la parcialidad incluso minoritaria. Entre tanta tontería ZP sí dijo una verdad: las tropas españoles invasoras de terceros países “representan el presente de la nación”. Cierto, el presente de un estado lameculos de la potencia estadounidense y sometido a los intereses económicos y geoestratégicos de las grandes fortunas, un estado endiosado en su primermundismo que mira con indiferencia los padecimientos que su compulsiva necesidad de acaparar riqueza causa a los habitantes de otros rincones del planeta. Nota de Tortuga.


Zapatero en Afganistán

Juan-Ramón Capella

Es de temer que Obama quiera compensar la retirada de Iraq cediendo a las presiones ultras que piden un mayor “compromiso” en Afganistán de Norteamérica y sus aliados de la Otan. Ese mayor “compromiso” vendría sugerido por el fracaso de la política de guerra seguida hasta ahora. La resistencia afgana, al que la prensa denomina talibán cuando ni siquiera sabemos si es talibán, pastún o la pura y simple resistencia contra el invasor extranjero que dura ya treinta años, es fuerte. Los bombardeos norteamericanos causan sobre todo víctimas civiles. El gobierno títere de Karzai está completamente aislado. La situación es tal que soldados norteamericanos con consciencia empiezan a desertar, como hicieron en Vietnam, aunque su número es aún muy pequeño. Las tropas españolas, por su parte, se encierran en su base, a la que no dejan entrar a refugiarse a civiles afganos que lo piden para no atraer ataques de los resistentes.

Hay teóricos de la “gobernancia”, como Francesc Vendrell, inspiradores de la opinión políticamente correcta en España, que tratan de justificar la presencia militar española en Afganistán con dos argumentos: que eso es necesario para nuestra seguridad, por una parte, y que es lo mejor para los propios afganos. El segundo argumento es, característicamente, un argumento colonialista, paternalista, que avergüenza, pues viene a significar que es la Otan y no las poblaciones, la gente afgana, quien tiene la última palabra en la determinación de lo que les conviene a los afganos.

En cuanto al primer argumento, el de nuestra seguridad, casa muy mal con la experiencia que se tiene de lo que es el terrorismo fundamentalista islámico en los países ricos. Quienes atacaron los trenes de Madrid o atentaron en Londes no procedían de ningún “santuario” afgano o pakistaní, sino que eran grupos más bien aleatorios de personas fanáticas que viven en la emigración. La presencia de tropas españolas en Afganistán no puede conseguir otra cosa que excitar en esos grupos los deseos de venganza.

No es de recibo que el presidente Zapatero y la ministra Chacón sigan enviando mensajes de condolencia a las víctimas españolas de esta política de envío de tropas para servir de coartada a la brutal presencia norteamericana. Mensajes para los que incluso parece haber alguna falsilla preparada de antemano y que van acompañados de condecoraciones a título póstumo. Todo eso es vergonzoso. Sería mejor que dijeran la verdad a los familiares de los muertos y a los heridos: habéis sido sacrificados a nuestra política, y los que mandamos os estamos muy agradecidos.

No debemos permitir que se refieran a los muertos en nuestro nombre. Para nosotros, los muertos españoles en Afganistán son víctimas. Como lo son las de las bombas norteamericanas. Un mínimo de decencia política debería hacer volver a esas tropas a casa. Y un mínimo de compromiso con la paz debe ser exigido también a nuestros conciudadanos.

Extret de: mientrastanto.e