Ya hay en la red subtítulos en castellano para «Bambule – Revuelta», la película de repulsa hacia los centros de menores escrita por Ulrike Meinhof en 1970. La TV alemana, que la encargó, después la censuró a causa de las opciones revolucionarias de su autora. El guión se publicó en castellano en 1978 como Bambule: ¿rehabilitación social para qué?, en formato libro de la editorial Icaria y con traducción de Francesca Martinez. El libro lo podéis encontrar en este enlace y la película y sus subtítulos en rebeldemule: http://www.rebeldemule.org/foro/cine/tema12176.html

A continuación se adjuntan algunos fragmentos de la introducción del guión, y extractos de la película con sus subtítulos.

De la introducción del editor Klaus Wagenbach a «Bambule» : «Este guión televisivo sobre el correccional de Berlín Oeste “Eichenhof” nació a comienzos del año 1970. No obstante, Ulrike Marie Meinhof ya había empezado mucho antes la polémica en torno a los correccionales de tutela de menores,… sobre sus pésimas condiciones de vida y las necesarias consecuencias que se desprendían de ellas…

“Bambule” fue rodada en abril de 1970; la mayoría de las actrices son muchachas de correccional que actúan espontáneamente. En cambio, las educadoras son actrices profesionales. Los hechos que acontecen son auténticos. El texto que aquí ofrecemos es una versión elaborada entre Ulrike Meinhof y el director de la película, Eberhard Itzenplitz. La película sólo se aparta de esta versión en algunos pasajes.

La producción, realizada por la Radio Suroeste, tenía que ser televisada… a escala federal… en mayo de 1970. Pero precisamente por esa época –desde hacía una semana- caía sobre Ulrike Meinhof la sospecha de haber participado en la liberación de Andreas Baader… La ARD, haciendo justicia por cuenta propia, eliminó la película de su programa…

El “Eichenhof” del que nos habla la película no es un correccional de los más estrictos. Lo fue antes de que Ulrike Meinhof emprendiera, junto con las muchachas que lo habitaban, una campaña de denuncia contra los abusos que entonces existían en él… Pero la crítica no se detiene en lo superficial, y Ulrike pone el dedo en la llaga: … la estructura de la sociedad se hace más transparente cuanto más nos acercamos a la periferia. De ahí la insistencia por parte de esta sociedad caótica en querer representar a los grupos marginados como algo lógico y natural…

… Ulrike Marie Meinhof no tiene necesidad de recurrir al Vietnam para denunciar el drama y las calamidades de todos los días. La calamidad, que hace su aparición con el capitalismo y es su última consecuencia, consiste en medir el éxito social de cada individuo de acuerdo con la ley del mínimo esfuerzo y el máximo beneficio; la solidaridad se hace imposible… Hay que exigir de los hijos la misma disciplina y severidad a la que están sometidos los padres en el mundo del trabajo. Niños quietos son los que necesitan los padres para poder cumplir con las normas de trabajo. De esta forma,… se prepara al niño como mano de obra de acuerdo con las exigencias de la sociedad de que tiene que ser un individuo rentable. A una familia con problemas de adaptación se la aleja de la producción y se la paraliza. Sus productos ya no llegan al mercado.

La película de Ulrike Marie Meinhof enseña lo que ocurre con los productos que han sido retirados del mercado; el material defectuoso se sigue seleccionando. La sociedad capitalista perpetua las clases aún dentro del correccional; privilegios para con las que se adaptan, castigos para las que no quieren adaptarse, encierro para las rebeldes.

Según el informe de un grupo de asistentes sociales, las cosas se desarrollaron en el Eichenhof de la siguiente manera: Desde comienzos de octubre de 1969, en el Eicenhof hay una directora liberal que ha suprimido las represiones más fuertes… La parte más reaccionaria del correccional se dirigió a la Oficina Tutelar de Menores con calumnias y mentiras contra las chicas, con el fin de poner fuera de juego a la directora liberal. Afirmaron que las chicas se habían emborrachado con el dinero que ganaron en el rodaje de la película “Bambule”. La reacción de las chicas ante tales calumnias y otros embustes fue la de organizar protestas. Su actitud solidaria con la directora liberal acabó siendo una lucha abierta contra los educadores, pues se habían dado cuenta de que eran ellas quienes debían imponer sus intereses, pues los educadores lo único que hacían era escurrir el bulto. Las muchachas consiguieron que el personal reaccionario abandonase el cargo. Sin embargo, ya no pudieron hacer frente a las enromes represalias que adoptaron la Oficina Tutelar de Menores, el Departamento del Distrito y la misma dirección del correccional. Se las aisló e incomunicó por completo de otros correccionales… No hubo ningún grupo capaz de aglutinarlos. La Oficina Tutelar de Menores archivaría con satisfacción el caso Eichenhof».

De la introducción de Ulrike Meinhof al guión : «El número de jóvenes en los correccionales no es muy elevado… El ingreso de los menores en un reformatorio necesita del consentimiento de los padres, que en cualquier momento pueden volver a sacarlos, si lo desean. Para estos adolescentes no supone ninguna diferencia estar en un correccional o en un reformatorio, pues el trato es exactamente el mismo.

Al correccional llegan jóvenes proletarios. Las familias burguesas apenas tienen trato con la Oficina Tutelar de Menores. La Asistencia Social no tiene nada que ver con la burguesía. Lo que para el proletario constituye una tragedia –ingresos bajos, exceso de hijos, vivienda pequeña-, lo resuelve la familia burguesa recurriendo al favor del vecino, de los parientes o por medio de una libreta de ahorros –la familia burguesa es digna de crédito y solvente. El que el padre enferme no es motivo para dejar de pagar los plazos, ni tampoco se desintegra la familia porque la madre se haya desquiciado y ya no esté al frente de la casa.

El Patronato de Protección de la Infancia tiene para la familia proletaria dos funciones: descargar a la familia de sus obligaciones y disciplinar a estos jóvenes. Pero el correccional no varía en nada las circunstancias por las cuales este menor se ha salido del buen camino. A la Oficina Tutelar de Menores no le importa en absoluto que el puesto de aprendiz fuera un asco: lo único que toma en consideración es que este menor un día lo abandonó. Que el piso sea demasiado pequeño y el número de hermanos demasiado grande, que en esas condiciones no se puedan hacer los deberes, es algo que a la Protección de Menores le trae sin cuidado; sin embargo, la misma Protección de Menores pone todo su empeño cuando el joven deja de asistir regularmente a la escuela, cuando ha robado algo –independientemente de sus motivos y de si tenía o no unas pesetillas para sus pequeños gastos-, cuando la chica adolescente ha salido a la calle a putear, para poder comprarse los trapitos que le manda comprar la publicidad.

Al joven proletario que no está dispuesto a renunciar a los privilegios de otros, se le amenaza con el correccional. Si por alguna razón ha intentado mejorar su situación recurriendo para ellos a iniciativas demasiado individuales y liberalizantes, se le castiga con la educación preventiva.

La educación en un correccional no mejora en nada la jodida situación del proletario menor de edad, más bien le fuerza a no conformarse con ella. Si se da el caso de que los padres no consiguen por la fuerza que el hijo se adapte, entonces es el Estado quien interviene y, haciendo uso de sus prerrogativas, dispone que el menor sea puesto bajo tutela.

… Los correccionales son el esbirro del sistema, el palo duro con el que se inculca a los jóvenes que no tiene sentido oponerse y aspirar a otra cosa que no sea la condena perpetua del trabajo en serie, un puesto de subalterno o convertirse en un receptor de órdenes para toda su vida, sin posibilidad de rechistar.

… Con la coacción y la violencia los correccionales pretenden llevar a los menores por el camino de la buena conducta. Por lo visto es una creencia bastante generalizada la de que esa buena conducta obtenida por la fuerza –si se ha practicado el tiempo suficiente- se convierte al final en un hábito ya inseparable del individuo. Entre las medidas coercitivas están el “bunker”, la prohibición de los paseos y horas libres, la sustracción del dinero para sus pequeños gastos y la privación de cigarrillos.

La vida en un correccional tiene una implicación directa con la vida de fuera –una vez abandonado éste- por la siguiente razón: las muchachas llegaron al correccional por no resignarse a no tener nada ni a nadie en el mundo. Pero esta etapa en él no ha modificado en lo más mínimo las condiciones por las que entraron. No tener a nadie significa que en casa no hay pan ni mantequilla al regresar del trabajo –si es que no lo ha comprado uno mismo. No tener a nadie significa que nadie te pregunta cómo te ha ido en el trabajo. No tener a nadie significa que de pronto te encuentras en la calle y sin habitación, y que se te va acabando el dinero, que no puedes pedir ningún anticipo ni dar el sablazo a nadie. No hay nadie que esté a tu lado, si te juegan una mala pasada. En otras palabras, no tener a nadie significa que hay que matar el rato en tabernas y para poder encontrar a alguien con quien hablar, significa gastar dinero, significa trasnochar y significa que uno al final no sabe por qué está viviendo.

Fueron unos años decisivos en los que las otras muchachas dejaron la casa paterna, hicieron amigos y entraron en contacto con otros círculos, mientras ellas los pasaban en el correccional, en donde es imposible establecer lazos duraderos ni con los educadores ni con los coeducandos. Un correccional presupone cambiar de hogar, separarse de los viejos amigos, hacer nuevos amigos, de los que uno también acaba separándose. Amigos-separación, separación-amigos. Los psicólogos afirman que ese desamparo y falta de hogar incapacitan al individuo en sus relaciones con los demás. El correccional es la imposibilidad total de llegar a unos lazos sólidos y duraderos. Las chicas del correccional no reciben ninguna clase de instrucción. Trabajan en la lavandería, se ocupan del taller de las planchas, de la cocina, del jardín y del taller de costura, a razón de veinte pfenning (céntimos de marco) la hora…

Entre las discriminaciones que sufren estas chicas está la de no gozar de la confianza de nadie. Eso no sólo las afecta a ellas, sino a sus mismos padres y amigos. En una sociedad clasista la pobreza es una vergüenza que casi raya en la criminalidad. Los pobres no son dignos de crédito. En consecuencia, todo lo que se diga aquí se tendrá por inverosímil; entretanto, los funcionarios y demás enterados se encargarán de manejar a su manera el concepto de verdad contenido en las actas y en los registros oficiales…

… En las actas queda escrito todo aquello que puede perjudicar a las muchachas, por los menos ante los ojos de los que manejan esas actas… Se considera un fracaso personal de las chicas el hecho de que hayan plantado la casa en la que estaban empleadas como muchachas de servicio, porque eran explotadas de mala manera. Si por casualidad estaban ocupando un puesto de aprendiza y el maestro de taller se ha acostado con ellas, eso lo interpretan las autoridades como una falta de integridad moral de la chica…

La violencia engendra contraviolencia y una presión le sigue otra presión de signo contrario. Los actos de rebeldía que se realizan en los correccionales se desarrollan siempre de una forma espontánea y desorganizada, sin planes previos; así se suceden indistintamente la rebelión, oposición, el motín o la “Bambule”. La historia de Irene es una historia de niños, una travesura que termina con la intervención de la policía y con el “bunker”… Todo lo que en el correccional se considera comúnmente abuso, no es sino el reflejo de los principios por los que se rige y su puesta en práctica. La adaptación y la disciplina son sus objetivos primordiales y a puerta cerrada todo está permitido. ¿Cuál va a ser la reacción de quienes lean todo eso o de quienes oigan hablar de ello? En lo que concierne a la utilidad de esta denuncia, las muchachas de los correccionales se muestran muy escépticas…».

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2 thoughts on “«Bambule- Revuelta»: ¿rehabilitación social, para qué?”
  1. «Bambule- Revuelta»: ¿rehabilitación social, para qué?
    Veo lo mas significativo de esta mala educación , lo que ellas se preguntan .Para que vivimos ? No se lo que queremos ?
    Una de las cuestiones que las puede ayudar , a salir de este estado de no saber para donde ir? de estar perdidas en la vida .Es ayudarlas a que descubran un sentido para sus vidas , y ese sentido puede encontrarse , en ayudarlas a descubrir una vocación.
    Una vocación , que surja de un deseo , espontaneo, autentico, y ayudarlas en segundo lugar a prepararse en esa vocación.
    Algo , muy difícil y lento , pero posible ! Eso si; se necesita profesionales idóneos en estas tareas tan complejas
    Y se necesitan de personal , realmente interesadas en la rehabilitan de estos marginados . Cosa que no se nota en la película —

  2. Al fin la reedición de la «Pequeña antología» de Ulrike Meinhof
    Año publicación:
    2017
    Autor / es:
    Ulrike Meinhof
    Editorial:
    La Colati
    Páginas:
    168

    Pequeña antología, seguido de cartas de la cárcel y últimos escritos – Ulrike Meinhof – Selección, traducción y notas: Manuel Sacristán y La Cotali, con un epílogo de César de Vicente Hernando.

    ¿Qué fue lo que más atemorizó del caso Ulrike Meinhof, que sigue despertando en nuestros días una cierta perturbación cuando se cita? En primer lugar, evidentemente, que una intelectual reconocida y valorada, con una buena posición social y procedente de la clase media alemana, abandonara su lugar para pasar a la clandestinidad activa y emprender desde ahí la lucha armada contra el sistema social que la formó. Pasar este límite significa oponerse con todo el cuerpo, ofrecer resistencia a la corriente brutalmente silenciosa de la vida cotidiana. En segundo lugar, por supuesto, que su trabajo intelectual pasara de una escritura analítica elaborada en el marco de la crítica política, a través de sus artículos en la revista konkret, a colocar su palabra en los comunicados, cartas, manifiestos y reflexiones de la Fracción del Ejército Rojo (RAF), responsabilizándose con ello de los hechos a los que iban indisolublemente unidos. En tercer lugar, claramente, que en 1968 dejara a un lado su matrimonio y, después, a sus hijas aceptando transitar por los caminos de los márgenes y la inestabilidad diaria por un fin político.

    **

    Ulrike Meinhof, la RAF, los malabares y «LaSexta» como portavoz

    De 2005 a 2007, y también hasta la fecha, se han reeditado numerosos textos del filósofo marxista español Manuel Sacristán (1925-1985). En aquellos días se multiplicaron los libros y actos sobre su figura. Sin embargo, en medio de todo este maremagnum de antologías, elegías, autopsias y descuartizamientos varios, hay una curiosa ausencia -sólo compensada, que yo sepa, por algunas intervenciones de José María Ripalda- : siempre parecen escamoteados los textos que dedicó a Ulrike Meinhof, militante de la organización armada alemana Fracción del Ejército Rojo y presa el día de su muerte en la prisión de alta seguridad de Stannheim[1].

    No dudo de que la ausencia de estos textos en medio de tan copiosa e interesante literatura se deba a la casualidad. Por lo que a mí respecta, los escritos de Sacristán sobre cuestiones de política de la ciencia me parecen más relevantes, o hasta más urgentes –y en todo caso más originales-, que los aquí comentados. Pero no por casual o inevitable (hay que elegir) dicha ausencia es menos desafortunada.

    La cosa se ha paliado recientemente gracias a la editorial La Cotali, que ha publicado la Pequeña Antologia preparada en su día por Sacristán para Anagrama. Un acontecimiento digno de nota -junto a la publicación en catalán de la biografía de Ulrike Meinhof escrita por Jutta Dirfurth-, que hay que agradecer a quién le haya promovido. Aún así, con limitaciones: es casi un triunfo que el señor Google devuelva alguna referencia al libro de La Cotali, incluso si se introducen el título literal y el nombre de la editorial, y en cuanto a la biografía de Dirfurth, el hecho de haber sido publicada en una lengua civilizada -lo digo sin ninguna ironía- puede limitar su difusión en la península, fuera de círculos universitarios autoflagelantes que leen en català. Parece que sigue habiendo techos de cristal duros como el acero.

    Es lugar común una cantinela sobre el perfil político de Sacristán: Sacristán como una especie de san Juan Bautista teórico que bautiza en el Jordán de su sabiduría, como sucesores genuinos, a los nuevos movimientos sociales –o, de haber vivido, al movimiento antiglobalización, o a los foros sociales mundiales, o a las izquierdas contra la dictadura de la UE… -, después de haberse desengañado con el autoritarismo de países y partidos comunistas. Esta visión se refleja en el título de una de las antologías más difundidas –»De la primavera de Praga al marxismo ecologista»-, en la que tampoco se reeditan los escritos sobre Meinhof (pese a que forman parte del arco temporal referido por el título).

    Lo que Manuel Sacristán escribió sobre Ulrike Meinhof no desmiente esa cantinela, pero sí desentona con ella. Digamos que lo que cuenta Sacristán sobre las vicisitudes de la izquierda alemana en los años 60 muestra que los «nuevos movimientos sociales» –ecologismos y pacifismos de base diversos- ni son tan nuevos ni inventan nada; que mientras el mochilero antiglobalización de turno sube al inter-rail a experimentar «nuevas formas de acción», esa izquierda de los 60 ya había bajado; que la situación en tiempos de Sacristán (y no digamos ahora) no es tan distinta de la que llevó a muchos protagonistas de la izquierda alemana de los 60 (entre ellos Ulrike Meinhof) a hacer balance de la magnitud de las amenazas y tomar las armas en los 70 contra un enemigo que sólo entendería su lenguaje.

    Sobre todo teniendo en cuenta que otra cosa en la que fue precursora Ulrike Meinhof, antes de su paso a la clandestinidad, fue hacerse popular batiéndose el cobre en las tertulias políticas televisadas con los portavoces de la opinión democrático-fascista de la RFA: sendero luminoso que ciertos chiquilicuatres de la política made in Spain transitaron recientemente jurando por Gramsci que conducia inexorablemente a un «cambio de régimen» y que por el momento sólo ha conducido a que ellos y sus amistades tengan una colocación. Más han logrado que Ulrike Meinhof y la RAF, qué duda cabe, pero la situación presenta pocas diferencias.

    Veamos uno de los textos de Sacristán -que, cambiando las localizaciones y «mayo del 68» por «el 15-M», quizás sería de aplicación a Spain-: «El balance de la Oposición Extraparlamentaria, y en general de la izquierda alemana, a finales de 1968, es bastante malo: los años de campaña contra los proyectos de leyes de emergencia… han terminado en derrota; el agotamiento del mayo francés y el contundente barrido electoral del sesentayochismo en Francia disipan muchas esperanzas descabelladamente alimentadas por aquellos jóvenes pequeño-burgueses y burgueses que se rebelaron contra el sistema sin tener experiencia, ni siquiera consciencia, de la base clasista en la que habrían tenido que reorientarse para cambiar de bando realmente; la política exterior de los países del Pacto de Varsovia –y muchos elementos de su política interior- quitan a otros esperanzas un tanto diferentes; en el seno de la OEP alemana, en su núcleo mejor organizado, está a la vista no ya una sintomática descomposición, sino la descomposición misma. En noviembre la Liga de Estudiantes Socialistas (SDS) intenta terminar en Hannover su XXIII conferencia de delegados… La conferencia es un caos. Alguien distribuye, por ejemplo, entre los delegados, una octavilla que se puede traducir así:

    Ffffffruuuuustraciónnnnn

    Pal Culo

    Esto es un congreso del SDS

    Antes de terminar la conferencia se habían marchado como la mitad de los delegados, y también se habían ido algunos de los portavoces de mayor influencia en los años y meses anteriores».

    En realidad, el mochilero antiglobalización de hace diez años no podía ignorar a aquellas alturas que la fiesta había terminado, y que ocho años después de la eclosión de «el movimiento antiglobalización» el balance no daba para muchas ilusiones, aunque más que las que daba de sí el 15-M. Hasta uno de sus oráculos impresos se lo recordaba en letras de molde [2]: en Francia, uno de los principales escenarios del movimiento antiglobalización, la respuesta de la sociedad a ocho de años de campañas y campañitas fue respaldar en las urnas a la derecha imperialista, la candidatura de Sarkozy que busca acabar con la independencia de Francia –respecto a Estados Unidos- en política exterior. Como en fechas recientes ha llevado a que se acepte, como mal menor, la candidatura de Emmanuel Macron.

    Todo esto parece confirmar la reflexión que hacia Sacristán en aquellos textos: Puesto que una sociedad capitalista -por definición- no puede estabilizarse en lo económico, debe estabilizarse en lo político bajo una forma vieja o nueva de fascismo. Quizás puede añadirse que no sería difícil en tiempos como los nuestros que una nueva forma de fascismo se implantase por vía electoral, y de la mano de una humanidad como la mencionada por el editor Giacomo Feltrinelli [3] -en una carta que envió en 1958, desde la Italia del «milagro económico», al disidente soviético Boris Pasternak-:

    En estos tiempos en que los valores humanos se olvidan, en que los seres humanos son reducidos a máquinas, en que la mayoría de las personas sólo tratan de huir de sí mismas y de resolver los problemas de su ego viviendo en el estress y mortificando lo que queda de la sensibilidad humana, ’Doctor Zhivago’ ha sido una enseñanza que no se podrá olvidar.[4]

    Desde luego, cualquier activista puede tener la tentación de imputar alguna de sus desgracias, como la victoria en Francia de Sarkozy o de Macron, a una plaga de sadomasoquismo como la sentida por Feltrinelli. Al menos, si es persona leída y se fía de «Le Monde diplomatique»: La conclusión de tanto frenesí de campaña por ’otro mundo posible’ es que «Sarkozy y la derecha parecen haber ganado la batalla de la hegemonía cultural incluso en amplios sectores de las clases populares. La perspectiva del triunfo individual, aún en detrimento de de los menos favorecidos, moviliza más que la invocación de las solidaridades colectivas… El horizonte cultural de las categorías populares… se aleja de las perspectivas de progreso generadas por la acción colectiva, y se repliega en los valores del ethos capitalista impulsados por los grupos sociales dominantes: trabajo individual, reducción de los impuestos… remuneración del mérito… transmisión del patrimonio». La conclusión o una de las conclusiones: otra son más de seiscientos mil muertos en Iraq, tras las «grandes movilizaciones mundiales contra la guerra», o la posterior destrucción de Libia -con la colaboración del mismo Sarkozy- ante la que una izquierda no ya nini sino trini se posicionó con análisis que no valían ni para chistes de Chiquito de la Calzada y/o con mínimas movilizaciones locales.

    Volviendo a la Alemania (o Europa) de los 70, Sacristán no sacaba las mismas conclusiones que Ulrike Meinhof; a su juicio, la respuesta viable a la previsible restauración del fascismo pasaba por «grandes concentraciones antifascistas cuya definición política global, como su contenido, tenga poco perfil», y no por la vía armada. En su tiempo vio como ejemplos de estas concentraciones, en España, al movimiento antinuclear y a las campañas por el «No» a la OTAN –está última conoció su fracaso electoral el año siguiente del de su muerte-. Posteriormente, muchos han valorado que las sucesivas campañas de turno contra algo o las distintas terapias de grupo de los movimientos «de base» o las rogativas populistas de las élites de Podemos cumplían la misión demandada por este profesor y político hace tantos años.

    Estoy más de acuerdo con Sacristán que con Meinhof: pero también estoy de acuerdo con él en que «no hay ninguna razón para presentar esta situación eufóricamente». Pienso que muchos de los recientes albaceas de Sacristán incurren, si no en euforia, si en una interpretación algo empalagosa de la situación –que les permite en otros ámbitos incluso cantar las alabanzas de una película como ’Salvador’, la edulcorada biografía de Salvador Puig Antich-; pienso también que los escritos sobre Ulrike Meinhof y los de la misma Ulrike Meinhof ponían negro sobre blanco (y lo hacen más en la actualidad) las razones por las que no debe caber la euforia.

    Escribí este texto hace diez años para presentar una transcripción de los textos que subí a la red. Lo publicaron, que no conservaron, en Kaos en la Red; me parece válido tal cual, con las mínimas actualizaciones que he añadido. Como he dicho arriba, es de agradecer a La Cotali su esfuerzo por volver a hacer accesible estos textos -con la compañía de César de Vicente, que tantas otras cosas nos ha ayudado a rescatar del olvido-. Tarea de todas y todos es que no se conviertan en otra pieza de ese monumento con cuya inauguración se cerraba la pieza de Jean Genet ’El balcón’.

    [1] A lo sumo, se alude a la relación entre Ulrike Meinhof y Sacristán –coincidieron en la universidad de Münster- como episodio biográfico sentimentaloide digno de una nota al pie.

    [2] Las ilusiones perdidas de la izquierda de la izquierda. Le Monde diplomatique (edición en castellano), julio de 2007, pág 4.

    [3] Feltrinelli fue un editor italiano con una trayectoria pareja a la de Ulrike Meinhof, también en lo poco claro de su muerte.

    [4] Carlo Feltrinelli, Senior Service : biografía de un editor. – 2003, Tusquets.

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