
RAMÓN VENDRELL
BARCELONA
Su carne es su maldición. «Es mar y sangre con textura de membrillo», dice Yukihiko Shidara, chef del restaurante japonés de Barcelona Icho. No es el único que considera el atún rojo atlántico un manjar (si bien pocos glosarían las virtudes gastronómicas del rey de los túnidos en términos tan radicales). La demanda mundial de Thunnus thynnus ha generado tal sobrepesca del pez que en la próxima reunión de los estados firmantes de la Convención sobre el Comercio Internacional de Especies Amenazadas (CITES), en Qatar en marzo del 2010, puede engrosar la lista de animales protegidos.
Mónaco lanzó la propuesta y la Comisión Europea ha determinado que tiene fundamento y recomendado a la UE que la suscriba provisionalmente, a la espera de informes científicos de urgencia que confirmen o rebatan que la especie se encamina al colapso.
Representantes de los países de la UE, que adoptan una posición común en las cumbres de la CITES, se reunirán el lunes para votar si apoyan o rechazan la iniciativa monegasca. Sea cual sea el resultado, la coesponsorización de la candidatura volverá a estudiarse en próximas y más elevadas citas.
España, salvo sorprendente rectificación, votará en contra. Como Italia, Grecia, Chipre y Malta, también potencias atuneras. Francia, otro peso pesado, anunció por medio de su presidente, Nicolas Sarkozy, que respaldaría la propuesta, pero ha corregido su postura y ahora su decisión es una incógnita.
Si el atún rojo entrara en el anexo I de la CITES su comercio internacional quedaría prohibido. La presión de Japón, incluidas cartas del Gobierno a sus homólogos de la UE, habla con elocuencia de la entidad de la decisión de los Veintisiete. Japón no solo consume el 80% del atún rojo atrapado en el Mediterráneo: tiene sustanciosas inversiones en el negocio atunero mediterráneo.
La Comisión Internacional para la Conservación del Atún Atlántico (CICAA) agrupa a 48 estados y regula la pesca de la especie. Veamos unos datos de la última evaluación del estoc de atún rojo del Atlántico Este y el Mediterráneo (considerados una única zona pesquera) hecha por el comité científico de la CICAA. En el 2007, último año con datos disponibles, la cuota total de capturas era de 29.500 toneladas. Los estados declararon 32.398 toneladas. Y el informe estima que las capturas reales ascendieron a 61.000 toneladas.
CAPTURAS NEGRAS / «Es una locura que solo puede detenerse con medidas drásticas», dice Sergi Tudela, responsable de pesquerías mediterráneas de la oenegé WWF. «El estudio de la CICAA revela que queda el 25% de la biomasa reproductora que había en la década de 1950», añade.
«Censar el atún rojo en la CITES ayudaría, pero además la CICAA debe escuchar a sus científicos, que piden una cuota total de entre 8.500 y 15.000 toneladas, y los gobiernos deben hacer cumplir las normas de la CICAA», dice María José Cornax, científica marina de Oceana.
Flotas de pesca en cerco sobredimensionadas y granjas de engorde que actúan como lavadoras de capturas negras (se declara que entra digamos una tonelada y salen dos, ¡engordan mucho estos teleósteos!) son los problemas fundamentales.
España ha hecho los deberes. Tiene una flota cerquera de seis barcos para su generosa cuota y seguramente sea el Estado con la legislación más severa. Y el más vigilante. Por eso en Balfegó, firma con dos cerqueros y una granja en L’Ametlla de Mar (Baix Ebre), creen que incluir el atún rojo en la CITES sería «una medida desproporcionada» que «castigaría» igual a un negocio «responsable, sostenible y transparente» como el suyo que a los «piratas».
Diario El Periódico