
Texto tomado del libro «Identidades Asesinas»
En esta fase de mi razonamiento se impone una precisión para evitar un malentendido. Cuando hablo de superar la pertenencia a una religión no quiero decir que haya que superar la religión en sí. A mi entender, la religión no se verá nunca relegada a las mazmorras de la Historia ni por la ciencia, ni por ninguna doctrina ni por ningún régimen político. Cuanto más avance la ciencia, tanto más tendrá que interrogarse el hombre por su finalidad. El Dios del “¿cómo?” se esfumará un día, pero el Dios del “¿Por qué?” no morirá jamás. Es posible que dentro de mil años no tengamos las religiones que tenemos hoy, pero no me imagino el mundo sin ninguna forma de religión.
Me apresuro a añadir que, desde mi punto de vista, la necesidad de espiritualidad no tiene que expresarse forzosamente a través de la pertenencia a una comunidad de creyentes, pues se trata de dos aspiraciones profundas, ambas, en distinto grado, naturales y legítimas, pero que es un error confundir: por una parte, la aspiración a una visión del mundo que trascienda nuestra existencia, nuestros sufrimientos, nuestras decepciones, que dé un sentido –aunque sea ilusorio- a la vida y a la muerte; por otra, la necesidad que tiene todo ser humano de sentirse vinculado a una comunidad que lo acepte, que lo reconozca y en cuyo seno pueda ser entendido cuando no habla con medias palabras.
No sueño con un mundo en el que no hubiera sitio para la religión, sino con un mundo en el que la necesidad de espiritualidad estuviera disociada de la necesidad de pertenecer a algo. Con un mundo en el que el hombre, aunque siguiera ligado a unas creencias, a un culto, a unos valores morales eventualmente inspirados en un libro sagrado, ya no sintiera la necesidad de enrolarse en la cohorte de sus correligionarios. Con un mundo en el que la religión ya no fuera el aglutinante de etnias en guerra. Ya no basta con separar la Iglesia del Estado; igualmente importante sería separar la religión de la identidad. Y precisamente, si queremos evitar que esa fusión siga alimentando el fanatismo, el terror y las guerras étnicas, habría que satisfacer de otra manera la necesidad de identidad.
Ver también:
Razón abierta y razón cerrada (Frédéric Lenoir)
¿Habrá religión en el futuro?
Hay varias cuestiones que resolver antes de resolver la cuestión de si «Habrá religión en el futuro».
En primer lugar sería conveniente determinar que es una religión y que no lo es. Que es una secta. Que es la idolatría. Cuales son los mitos y leyendas universales de la creación del universo, del hombre y del fin del mundo. Explicaciones ancestrales. Diferenciarlas de fanatismos que no orientan al espíritu del hombre.
La otra cuestión que debemos resolver ahora es si habrá futuro. Si nuestras creencias y sistemas de valores actuales nos ayudarán a la viabilidad de este futuro. Que es lo que impedirá que acabemos con la capa de ozono, que desarrollemos la clonación humana con fines comerciales, que explotemos los recursos naturales sin importar la destrucción asociada a ello.
¿Habrá religión en el futuro? ¿Habrá freno moral en el futuro? ¿Lo hay en el presente?
Muy interesante la cuestión…