Les recomendamos que no lean el artículo después de haber comido. La frialdad con la que el analista económico explora las posibilidades de negocio que se abren con la crisis de Ucrania podría tener efectos desastrosos en su digestión. Nota de Tortuga.


Las ‘ventajas’ de la nueva guerra fría

Matthew Lynn

Los índices bursátiles caen. Los mercados de bonos están nerviosos. Y los inversores venden sus activos a medida que se ponen cada vez más tensos por la invasión de Rusia a Ucrania. Además, está surgiendo una nueva Guerra Fría entre Rusia, su mayor aliado, China, y Occidente.

Pero, un conflicto también puede ser perfectamente bueno para la economía. El rearme pone en marcha una ola de gasto, crea puestos de trabajo y a menudo estimula nuevas tecnologías. La inversión aumenta al tener que reconfigurar las cadenas de suministro. Y a medio plazo siempre existe la perspectiva de la victoria, que llevará a la reconstrucción de la economía rusa. Los inversores estarán ansiosos estas semanas. Pero pronto se habrán dado cuenta de que, en realidad, una nueva guerra fría será muy buena para la economía mundial, y quizá incluso haya que celebrarla.

Queda por ver cómo termina la batalla en Ucrania. Sin embargo, está claro que Rusia, y sobre todo China, se enfrentarán a EEUU y a Europa durante una década o más. Ha comenzado una nueva Guerra Fría. No es de extrañar, por tanto, que los inversores se hayan asustado por ello. En Wall Street, el Nasdaq, de gran peso tecnológico, cae. Lo mismo que el Dax alemán o el índice de Moscú. La volatilidad se ha disparado. El único precio que ha subido es el tradicional refugio del oro, que está recuperando algunos de los máximos que alcanzó durante la última crisis financiera.

Por supuesto, es fácil entender por qué. Primero está el riesgo de que la contienda corte el flujo de gas y petróleo ruso, sumiendo a Alemania y a gran parte del resto de Europa en una crisis energética. Pero el gran peligro está en la actuación de China. Si este país recibe sanciones en algún momento por el motivo que sea, las cadenas de suministro mundiales se colapsarán inmediatamente. «Existe el riesgo de un embargo de exportaciones por parte de China a todas las naciones de la OTAN, y entonces, tendríamos en nuestras manos un enorme y crítico choque de suministro para la economía global», advirtió High Frequency Economics en un análisis esta semana. «Las economías europeas se desmoronarían, en un choque similar al impacto del embargo petrolero de octubre de 1973». Es cierto que el impacto a corto plazo sería muy malo. Pero, en realidad, a medio plazo, una nueva Guerra Fría podría ser buena para los mercados. He aquí el porqué.

En primer lugar, el rearme. Los gobiernos tendrán que empezar a gastar mucho más en defensa, especialmente en Europa Occidental. El mísero 1,4% del PIB que Alemania destina a sus fuerzas armadas tendrá que aumentar drásticamente, al igual que los Países Bajos, también con un 1,4%; mientras que Polonia, justo en la primera línea del conflicto, tendrá que gastar más de 2,2% de la producción que actualmente dedica a protegerse. Todo ese gasto adicional creará nuevos puestos de trabajo e industrias, como ya ha ocurrido en el pasado. De igual manera, estimulará la creación de tecnologías innovadoras; de hecho, puede que una nueva Guerra Fría lleve a los drones y la robótica, creados en los laboratorios de defensa financiados por el Estado, al mercado de masas, al igual que pasó con Internet, que fue básicamente la creación de la anterior Guerra Fría. Además, desencadenará una ola de nuevas inversiones. Si se prohíbe la energía rusa en Europa, tendremos que encontrar nuevas fuentes de energía, y las opciones más probables son la nuclear y la eólica. Ambas son viables, pero se necesitará mucho dinero para sustituir los gasoductos rusos. Del mismo modo, si los proveedores chinos de piezas y productos acabados están bloqueados en Estados Unidos y Europa Occidental, tendremos que sustituirlos por nuestras propias fábricas, creando nuevos puestos de trabajo y riqueza en el proceso. Por último, a medio plazo existe la perspectiva de la victoria. Al fin y al cabo, Rusia perdió la última Guerra Fría y puede perder también ésta, sobre todo si los combatientes ucranianos oponen una fuerte resistencia, que es lo que está ocurriendo, y sus tropas quedan empantanadas en una guerra de trincheras. Si las aventuras militares de Putin reciben una respuesta contundente, podrían provocar su caída, y eso allanaría el camino para una reforma significativa. Hay que tener en cuenta que si Rusia pudiera crecer tan rápido como Polonia o la República Checa, sería una economía enorme, al menos el doble de lo que es ahora, y eso estimularía la demanda y la inversión en toda Europa.

Nadie quiere una guerra, ya sea fría o caliente. Pero la cruda realidad es que los conflictos pueden impulsar la producción económica. La última Guerra Fría fue también, al menos hasta los inflacionistas años 70, una época dorada para las economías occidentales, con pleno empleo y un boom de consumo. Y el crecimiento se recuperó rápidamente de las guerras de Corea, Vietnam e Irak, y también lo hicieron los mercados, y normalmente con una rapidez sorprendente. Cuando Corea del Norte invadió el Sur, por ejemplo, en 1950, el mercado de valores (medido por el S&P 500) cayó un 12,9%, pero recuperó todas esas pérdidas en sólo 82 días. La caída del 17% de las acciones tras la invasión de Irak a Kuwait en 1990 se recuperó en seis meses. E incluso la caída de 20 puntos porcentuales tras el ataque japonés a Pearl Harbor -un serio revés, todo sea dicho- se recuperó en un año, tras lo cual el mercado reanudó su ascenso. No hay razón para pensar que esta vez será diferente. Y una vez que los inversores se den cuenta, volverán a comprar el mercado.

Matthew Lynn
Director ejecutivo de Strategy Economics

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One thought on “Las ventajas de una nueva guerra fría: El capitalismo se frota las manos”
  1. Desturcción creativa
    El autor expone lo que en economía se conoce como Destrucción Creativa (https://es.wikipedia.org/wiki/Destrucci%C3%B3n_creativa).

    Y es asi de crudo: cuando el capitalismo alcanza su techo, es decir, cuando el crecimiento se estanca, y con el los beneficios del gran capital, hay que recurrir a la destrucción de la economía para volver a regenerar el crecimiento.

    Los EEUU ‘descubrieron’ tras la prmera guerra mundial las enormes ventajas que les reportaba esta destrucción creativa mediante la guerra … en suelo ajeno. Tras la II guerra mundial pusieron en marcha el Plan Marshall que actuaba como una especie de turbo en la reconstrucción de Europa, canalizando buena parte de los beneficios a la economía norteamericada.

    Esa dinámica se agotó cuando Europa estuvo totalmente reconstruida y a pleno rendimiento, lo que trajo el final de Bretton Woods y de la convertibilidad dolar-oro, y el estallido de la crisis del petróleo de los 70-80. Desde entonces el capitalismo no ha levantado cabeza, las economias occidentales han pasado de ser economias con una base industrial a economias financiarizadas (forma suave de decir que son puramente especulativas, y no productivas), se sostienen en una permanente burbuja alimentada a base de sobreendeudamiento, y el experimento neoliberal de los ultimos 30 años ha sido un fracaso, que están pagando las clases trabajadoras.

    Solo quedaban dos salidas: o aprovechar el tirón de las economías emergentes (principalmente China y Rusia), integrándose con ellas, o la guerra, a ser posible en esas economías emergentes, para generar una enorme destrucción que requiera alguien (occidente) para reconstruirlas y volver a empezar.

    La primera opción era obviamente mejor para el conjunto del planeta, pero peor para EEUU, pues supone el fin de su hegemonia económica mundial, el fin de su posición de privilegio sustentada en el dolar como moneda de intercambio internacional.

    Así que EEUU, con la necesaria colaboración de Putin, ha optado por la guerra, arrastrando a ella a una Europa que está haciendo un papelón lamentable.

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