Las medidas contra el coronavirus se están convirtiendo en una auténtica fiesta y borrachera de poder para todas las instituciones represivas del estado (incluido el ejército), las cuales, apoyadas en el recorte de derechos y libertades que ha decretado nuestro democrático gobierno, recorren calles y carreteras vacías recordándonos a todas horas quienes mandan y quienes han de obedecer. Nota de Tortuga.


Fernando Muñoz

Doctor en Filosofía y Sociología

Si esto no nos enseña que tomamos, en algún momento, el camino equivocado no habrá nada que pueda enseñárnoslo. Lo que no evitará, desde luego, una corrección muy severa. Alarmados por el virus demoledor que, aunque con excepciones, se cebará en nuestros mayores y enfermos, en última instancia en los humildes y menesterosos, apenas hemos reparado en los más de treinta grados que hemos “gozado” este invierno. Nuestros gobernantes esperan de la población un comportamiento ejemplar. Una población educada en siglos de individualismo expoliador o egoísmo perfecto debería hoy, por arte de no sé qué mutación, ofrecer un comportamiento entregado y generoso. En realidad, desbordado del todo el sistema sanitario – tras años de gestión rapaz – se nos pide que afrontemos en nuestra casa la enfermedad, con la ayuda de medicamentos inespecíficos y paciencia. Para eso nos regalan las compañías telemáticas megas extra y contenidos de entretenimiento que paliarán, sin duda, nuestro ocaso.

Poco acostumbrados al recogimiento será necesario el ejército para mantener una cuarentena vigilada, acostumbrados al ejercicio vano de nuestra voluntad las nuevas condiciones nos resultarán insufribles. La mayor desgracia, sin embargo, es la erosión de la institución elemental de la vida en común: la casa, el lugar del núcleo familiar. Reducido a lugar de restauración y descanso, hace siglos que ha venido perdiendo su valor de espacio sagrado de vida en común. No se trata, naturalmente, de la familia antigua – elemento de la ciudad constituida como unidad de filiación, como mostrara Fustel de Coluanges en su obra maestra – no queda ni siquiera esa esquirla que ha sido la familia nuclear – burguesa. Un concepto aberrante que concluye en la abolición de la familia por la que luchan tantos libertarios y revolucionarios de pastel. Hacen el juego, justamente, a la ideología de nuestro tiempo, a la evidencia compartida por la masa, perfectamente ajustada a nuestras formas de vida: el liberalismo político y económico, cuya última vuelta de tuerca es el llamado neoliberalismo. El liberalismo clásico vetaba todavía un espacio a la garra destructiva del Estado o del Mercado en nombre de la vida comunitaria. El liberalismo, dice Ortega, es la doctrina que pone límites a la injerencia del Estado. Eso es el liberalismo clásico que todavía tuvieron presentes Ortega o Chesterton. El nuevo liberalismo es un democratismo sulfurado que niega todo límite a la injerencia del Estado o, lo que es lo mismo, del Mercado orientados a la demolición de todos los lazos antropológicos y la creación de una masa de individuos sin naturaleza, ni constitución.

No hace falta acudir a conspiraciones intangibles cuya veracidad a nadie sorprendería porque todos sabemos quién corta el paño. Conspiraciones cuyo punto oscuro las aproxima, desde luego, a la paranoia. Pero ésta no es, al fin y al cabo, otra cosa que una hiperfetación del conocimiento.

Nuestra única salida es siempre dar marcha atrás para volver a coger velocidad posteriormente, pero deberíamos sentarnos, meditar y cambiar – con parsimonia – de dirección. Cambiar de dirección radicalmente, dar la espalda al horizonte vacío, al gran desierto al que nos conduce esta modernidad liberal del Individuo sustancial y perfecto y regresar por donde vinimos, no será el mismo el paisaje porque, en efecto, la historia no es simplemente reversible. Tan poco reversible es que pudiera resultar que para regresar – ya no conservar porque nada hay que conservar – será preciso una suerte de revolución reactiva, antiliberal o antimoderna, una revolución en nombre de la vida en común en la que la voluntad de uno no esté desvinculada de la voluntad de otros. Restaurar las condiciones de un trabajo y un consumo compartido, trabajar juntos y próximos. No a la distancia a la que ahora nos pone la situación de emergencia, sino en vecindad. No será un mundo idílico y lleno de armonía, nada que construyamos puede serlo, pero no será el infierno postindustrial de la pandemia comercial.

Fuente: https://www.elimparcial.es/noticia/210951/opinion/pandemia-y-revolucion-.html?fbclid=IwAR3qm1gEeB-_bjpq2WSLjotLeLpeLgbdDYgrxjy7vGs51D7DxLtgsFnZDtc


La Unidad Militar de Emergencias se desplegará este lunes en toda España «como presencia disuasoria para aquellos que se saltan las normas»

La Unidad Militar de Emergencias, que este domingo ha comenzado a patrullar las calles de las siete ciudades españolas donde cuenta con acuartelamientos permanentes, ampliará este lunes su despliegue a otras poblaciones del territorio nacional. Según ha informado la ministra de Defensa, Margarita Robles, entre las labores de la UME estará ejercer «como presencia disuasoria para aquellos que se saltan las normas».

La UME, junto a la Policía Militar, son los únicos cuerpos militares que pueden asumir un papel de autoridad en su relación con los ciudadanos e impartir órdenes.

Robles ha explicado que la UME y el resto de las Fuerzas Armadas también colaborarán en labores sanitarias a través de los médicos militares y la farmacia catrense, así como en actividades de transporte y logística. «No vamos a regatear ningún tipo de esfuerzo en ningún lugar de este país», ha declarado la ministra.

Informa Carlos del Castillo.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/Ultima-hora-coronavirus-mundo-Espana_13_1000679924_40920.html

One thought on “Pandemia y revolución”
  1. Pandemia y revolución
    Hola, si como sociedad colectiva entendiéramos que la solución no pasa por medidas represivas, violentas…si no por la conciencia y la acción de esta conciencia olvidada para algun@s. Entendiendo que la reparación pasa, por aplicar algo, no muy difícil de entender, en mi caso, el orden natural como fuente inagotable de sensatez, sabiduría, reflexión de la cual el Derecho Natural busca obtener prioridad en nuestro pensamiento, acciones, decisiones, y porque no decirlo, de forma poética y romántica … en el alma de cada un@. Abarca las relaciones naturales de los seres entre sí, en ausencia de leyes… y no el orden modificado, transgénico, manipulado… que se ha creado.
    Organización social, orden natural de las cosa y relaciones humanas con su entorno y no haría falta nada más para superar cualquier circunstancia.
    Un saludo

Responder a Javier Cancelar la respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *