
Ante la creciente marea popular antiisraelí en todo Occidente, los genocidas, ahora, se sacan de la manga un supuesto plan de paz para Gaza. La paz consiste en que los resistentes palestinos se rindan por completo y entreguen la gestión política y económica de Gaza a sus verdugos. Ni palabra sobre responsabilidades de nadie por los crímenes. Ni palabra sobre qué pasa con Cisjordania, lugar en el que no opera Hamás, y donde Israel ha aprovechado todo este tiempo para masacrar civiles y expandir su posesión territorial. Solo palabras tibias y ambiguas sobre una (futura) posible participación democrática de la población de palestina en la decisión del gobierno de su sociedad. De momento, serán gobernados por los verdugos. Apenas menciones vagas a un posible (futuro) estado soberano palestino. Idea que, por su parte, Netanyahu ya ha dicho que no va a aceptar ni siquiera como posibilidad. Sin olvidar lo que puede valer la palabra y la firma de tratados por parte de los genocidas estadounidenses e israelíes, quienes se caracterizan por no cumplir nunca lo firmado. Y si no, que se lo pregunten a los libaneses que, a pesar del tratado de paz, son atacados sin cesar por Israel en flagrantes y casi diarias violaciones de lo acordado.
Es muy interesante seguir las reacciones de los líderes políticos de aquí y de allá a esta propuesta trampa que, bajo inciertas promesas de detener la masacre, solo busca desactivar la solidaridad internacional y garantizar la impunidad de los asesinos y la ganancia territorial de Israel en claro detrimento de las legítimas aspiraciones del pueblo palestino. Quienes aceptan y aplauden esta propuesta ignominiosa se retratan a si mismos como cómplices de este gran crimen. Es un buen botón de muestra para comprobar cuan lejos se hayan los políticos de la población a la que se supone que cada uno de ellos (o ellas) representan. Nota de Tortuga.
Paz impuesta, soberanía negada: El plan Trump-Netanyahu como arquitectura de genocidio y colonización en Palestina
Evaristo Torregrosa.
Datos iniciales verificados.
Desde el inicio de la ocupación israelí en 1967, se estima que más de 130.000 palestinos han muerto como consecuencia directa de la violencia estructural, los bombardeos, las incursiones militares, el bloqueo de Gaza y la expansión de asentamientos ilegales. Esta cifra incluye víctimas en Gaza, Cisjordania y Jerusalén Este, y refleja una política sostenida de represión y despojo.
Desde el 7 de octubre de 2023 hasta septiembre de 2025, el número de muertos palestinos asciende a más de 67.000 personas, según datos del Ministerio de Salud de Gaza y organismos internacionales. De estas víctimas, al menos 19.424 son niños y más de 10.000 son mujeres, lo que representa más del 70 % de los fallecidos. Además, hay más de 165.000 heridos, 14.400 desaparecidos y miles de cadáveres aún bajo los escombros. En Cisjordania, donde no opera Hamás, se han registrado más de 1.000 muertos, incluidos 213 niños, por ataques del ejército israelí y colonos armados.
Resumen.
Desde la Segunda Guerra Mundial, el mundo no ha presenciado una operación militar con tal nivel de letalidad, despojo y deshumanización como la que se ha desplegado sobre el pueblo palestino. A día de hoy, más de 67.000 personas han sido asesinadas en menos de dos años, y la mayoría de las víctimas son civiles indefensos: niñas, niños y mujeres. Este artículo analiza el llamado “plan de paz” presentado por Donald Trump y Benjamin Netanyahu, denunciado como una fórmula para institucionalizar la ocupación israelí, desmantelar la autodeterminación palestina y legitimar una colonización sin precedentes en el siglo XXI. A través de un enfoque crítico, se examinan las cláusulas que perpetúan el control militar, excluyen a actores palestinos legítimos, imponen condiciones de gobernanza sin soberanía y exigen la rendición total de la resistencia. El texto concluye que el plan no representa una solución de paz, sino una reconfiguración geopolítica que amenaza con consolidar un régimen de apartheid y perpetuar el exterminio de una nación.
Introducción.
El conflicto palestino-israelí ha alcanzado un punto de inflexión histórico. Tras el 7 de octubre de 2023, la ofensiva israelí sobre Gaza ha dejado una cifra de muertos que supera los 67.000, en su inmensa mayoría civiles. Las estadísticas son devastadoras: decenas de miles de niñas, niños y mujeres han sido asesinados en bombardeos masivos, ataques indiscriminados y operaciones terrestres que han arrasado barrios enteros. Esta masacre se suma a una historia de más de medio siglo de ocupación, que ha cobrado la vida de más de 130.000 palestinos. En este contexto, el plan de paz presentado por Trump y Netanyahu ha sido recibido con alarma por la comunidad internacional, no por sus promesas de reconciliación, sino por su estructura profundamente desequilibrada, que consagra la supremacía israelí y niega los derechos fundamentales del pueblo palestino. Este artículo se propone analizar las implicaciones políticas, jurídicas y humanitarias del plan, denunciando su carácter colonial, su desprecio por la soberanía palestina y su potencial para perpetuar una limpieza étnica en pleno siglo XXI.
Desarrollo.
1. Supresión de la soberanía palestina
El plan otorga a Israel la “responsabilidad de seguridad” indefinida sobre Gaza, incluyendo un “perímetro de seguridad” que equivale a una ocupación militar permanente. Esta cláusula, lejos de garantizar estabilidad, institucionaliza el control externo sobre un territorio que debería ser autónomo. Netanyahu ha declarado que no habrá Estado palestino, lo que convierte el plan en una negación explícita de la autodeterminación nacional. Esta postura ha sido calificada como una “aniquilación política” del pueblo palestino.
2. Gobernanza condicionada y externa
La Autoridad Palestina queda excluida del proceso, salvo que se someta a una “transformación radical”, lo que en la práctica la deslegitima como actor político. En su lugar, se propone un gobierno tecnocrático no afiliado a Hamás, supervisado por Estados Unidos y actores externos, sin mandato popular ni legitimidad democrática. Esta fórmula recuerda a los regímenes coloniales del siglo XIX, donde las potencias imponían gobiernos títeres para administrar territorios ocupados.
3. Rendición unilateral como condición de paz
El plan exige el desarme total de Hamás en 72 horas, lo que ha sido denunciado como un ultimátum militar más que una propuesta de negociación. La Yihad Islámica ha calificado el plan como una “receta para seguir atacando a los palestinos”, anticipando una escalada de violencia. Esta exigencia no contempla ningún mecanismo de reconciliación, justicia transicional ni garantías de protección para la población civil.
Conclusión.
El plan Trump-Netanyahu no representa una solución de paz, sino una arquitectura de control geopolítico que institucionaliza la ocupación, desmantela la soberanía palestina y excluye cualquier forma de gobernanza legítima. Su implementación podría consolidar un régimen de apartheid, generar un vacío de poder en Gaza y desencadenar una nueva fase de exterminio sistemático. Desde la Segunda Guerra Mundial, no se había presenciado una operación militar con tal nivel de destrucción, colonización y asesinato en tan corto tiempo. La comunidad internacional debe reconocer que la paz no puede construirse sobre la sangre de los inocentes ni sobre la negación de los derechos fundamentales de un pueblo. La cifra de más de 67.000 muertos últimamente —en su mayoría niñas, niños y mujeres— no es solo una estadística: es una herida abierta en la conciencia global.
El plan
El presidente de Estados Unidos, Donald J. Trump ha propuesto un plan para acabar con la Guerra en Gaza. Benjamín Netanyahu ya ha aceptado el plan. El plan ha sido redactado por Tony Blair, ex primer ministro de Reino Unido. A continuación, se reproduce el texto íntegro en español:
1.- Gaza será una zona desradicalizada y libre de terrorismo que no supondrá una amenaza para sus vecinos.
2.- Gaza será reconstruida en beneficio de su población, que ya ha sufrido más que suficiente.
3.- Si ambas partes aceptan esta propuesta, la guerra terminará inmediatamente. Las fuerzas israelíes se retirarán a la línea acordada para preparar la liberación de los rehenes. Durante este tiempo, se suspenderán todas las operaciones militares, incluidos los bombardeos aéreos y de artillería, y las líneas de combate permanecerán congeladas hasta que se cumplan las condiciones para la retirada completa por etapas.
4.- En un plazo de 72 horas desde que Israel acepte públicamente este acuerdo, todos los rehenes, vivos y fallecidos, serán devueltos.
5.- Una vez liberados todos los rehenes, Israel liberará a 250 presos condenados a cadena perpetua, además de 1.700 gazatíes que fueron detenidos después del 7 de octubre de 2023, incluidas todas las mujeres y niños detenidos en ese contexto. Por cada rehén israelí cuyos restos sean devueltos, Israel devolverá los restos de 15 habitantes de Gaza fallecidos.
6.- Una vez que todos los rehenes hayan sido devueltos, se concederá la amnistía a los miembros de Hamás que se comprometan a la coexistencia pacífica y al desmantelamiento de sus armas. A los miembros de Hamás que deseen abandonar Gaza se les proporcionará un paso seguro a los países de acogida.
7.- Tras la aceptación de este acuerdo, se enviará inmediatamente ayuda completa a la Franja de Gaza. Como mínimo, las cantidades de ayuda serán coherentes con lo incluido en el acuerdo del 19 de enero de 2025 relativo a la ayuda humanitaria, incluida la rehabilitación de infraestructuras (agua, electricidad, alcantarillado), rehabilitación de hospitales y panaderías, y entrada del equipo necesario para retirar escombros y abrir carreteras.
8.- La entrada de distribución y ayuda en la Franja de Gaza se llevará a cabo sin interferencias de las dos partes a través de las Naciones Unidas y sus agencias, y la Media Luna Roja, además de otras instituciones internacionales no asociadas de ninguna manera con ninguna de las partes. La apertura del paso fronterizo de Rafah en ambas direcciones estará sujeta al mismo mecanismo aplicado en virtud del acuerdo del 19 de enero de 2025.
9.- Gaza se regirá por el gobierno transitorio temporal de un comité palestino tecnocrático y apolítico, responsable de la gestión diaria de los servicios públicos y los municipios para la población de Gaza. Este comité estará compuesto por palestinos cualificados y expertos internacionales, bajo la supervisión y el control de un nuevo organismo internacional de transición, la “Junta de Paz”, que estará dirigida y presidida por el presidente Donald J. Trump, junto con otros miembros y jefes de Estado que se anunciarán próximamente, entre ellos el ex primer ministro Tony Blair. Este organismo establecerá el marco y se encargará de la financiación de la reconstrucción de Gaza hasta que la Autoridad Palestina haya completado su programa de reformas, tal y como se describe en diversas propuestas, entre ellas el plan de paz del presidente Trump de 2020 y la propuesta saudí-francesa, y pueda recuperar de forma segura y eficaz el control de Gaza. Este organismo recurrirá a los mejores estándares internacionales para crear una gobernanza moderna y eficiente que sirva al pueblo de Gaza y favorezca la atracción de inversiones.
10.- Se creará un plan de desarrollo económico de Trump para reconstruir y dinamizar Gaza, convocando a un panel de expertos que han contribuido al nacimiento de algunas de las prósperas ciudades milagrosas modernas de Oriente Medio. Muchas propuestas de inversión bien pensadas e ideas de desarrollo interesantes han sido elaboradas por grupos internacionales bienintencionados, y se tendrán en cuenta para sintetizar los marcos de seguridad y gobernanza con el fin de atraer y facilitar estas inversiones que crearán puestos de trabajo, oportunidades y esperanza para el futuro de Gaza.
11.- Se establecerá una zona económica especial con aranceles preferenciales y tasas de acceso que se negociarán con los países participantes.
12.- Nadie será obligado a abandonar Gaza, y quienes deseen marcharse serán libres de hacerlo y de regresar. Animaremos a la gente a quedarse y les ofreceremos la oportunidad de construir una Gaza mejor.
13.- Hamás y otras facciones acuerdan no desempeñar ningún papel en el gobierno de Gaza, ni directa ni indirectamente, ni de ninguna otra forma. Toda la infraestructura militar, terrorista y ofensiva, incluidos los túneles y las instalaciones de producción de armas, será destruida y no se reconstruirá. Se llevará a cabo un proceso de desmilitarización de Gaza bajo la supervisión de observadores independientes, que incluirá la inutilización permanente de las armas mediante un proceso acordado de desmantelamiento, con el apoyo de un programa de recompra y reintegración financiado internacionalmente, todo ello verificado por los observadores independientes. La nueva Gaza se comprometerá plenamente a construir una economía próspera y a coexistir pacíficamente con sus vecinos.
14.- Los socios regionales ofrecerán garantías para asegurar que Hamás y las facciones cumplan con sus obligaciones y que la Nueva Gaza no represente una amenaza para sus vecinos ni para su pueblo.
15.- Estados Unidos colaborará con socios árabes e internacionales para crear una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) temporal que se desplegará inmediatamente en Gaza. La ISF entrenará y prestará apoyo a las fuerzas policiales palestinas seleccionadas en Gaza, y consultará con Jordania y Egipto, que tienen una amplia experiencia en este campo. Esta fuerza será la solución de seguridad interna a largo plazo. La ISF colaborará con Israel y Egipto para ayudar a proteger las zonas fronterizas, junto con las fuerzas policiales palestinas recién entrenadas. Es fundamental impedir la entrada de municiones en Gaza y facilitar el flujo rápido y seguro de mercancías para reconstruir y revitalizar Gaza. Las partes acordarán un mecanismo para evitar conflictos.
16.- Israel no ocupará ni anexionará Gaza. A medida que las ISF establezcan el control y la estabilidad, las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) se retirarán basándose en normas, hitos y plazos vinculados a la desmilitarización que se acordarán entre las IDF (fuerzas armadas iraelíes), las ISF, los garantes y Estados Unidos, con el objetivo de lograr una Gaza segura que ya no represente una amenaza para Israel, Egipto o sus ciudadanos. En la práctica, las IDF entregarán progresivamente el territorio de Gaza que ocupan a las ISF, de acuerdo con un acuerdo que alcanzarán con la autoridad de transición, hasta que se retiren completamente de Gaza, salvo por una presencia de perímetro de seguridad que permanecerá hasta que Gaza esté debidamente protegida de cualquier amenaza terrorista resurgente.
17.- En caso de que Hamás retrase o rechace esta propuesta, lo anterior, incluida la ampliación de la operación de ayuda, se llevará a cabo en las zonas libres de terrorismo que las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) hayan entregado a las Fuerzas de Seguridad Interna (FSI).
18.- Se establecerá un proceso de diálogo interreligioso basado en los valores de la tolerancia y la coexistencia pacífica para intentar cambiar la mentalidad y el discurso de palestinos e israelíes, haciendo hincapié en los beneficios que puede reportar la paz.
19.- A medida que avance la reconstrucción de Gaza y se lleve a cabo fielmente el programa de reformas de la Autoridad Palestina, podrían darse finalmente las condiciones para una vía creíble hacia la autodeterminación y la creación de un Estado palestino, lo que reconocemos como la aspiración del pueblo palestino.
20.- Estados Unidos establecerá un diálogo entre Israel y los palestinos para acordar un horizonte político que permita una coexistencia pacífica y próspera.
Paz impuesta, soberanía negada: El plan Trump-Netanyahu como arquitectura de genocidio y colonización en Palestina
Es decir, el único plan de paz lógico y mínimamente justo para frenar el genocidio de Palestina que debería ser alabado y aplaudido por el presidente del gobierno de España, sería el que impusiese a Israel cesar toda acción militar y paramilitar, tanto en Gaza como en Cisjordania (de paso, en Líbano y Siria), y cesar también el bloqueo del tránsito de personas y mercancías en cualquier zona de Palestina. A cambio de que los resistentes palestinos también detuvieran su actividad militar y devolvieran a los rehenes.
Eso para empezar. Para que hubiera un mínimo de alto el fuego, parara la insoportable sangría diaria de civiles y pudiera entrar la ayuda humanitaria.
Un plan que, para ser digno y asumible, además debería plantear plazos y fórmulas para depurar responsabilidades por crímenes graves contra la humanidad, para reconstruir todo lo destruido y para que la población palestina recibiera garantías de que la soberanía territorial que la ONU y la comunidad internacional le reconocen, a partir de ahora, va a ser respetada por Israel, lo cual incluye que las colonizaciones ilegales israelíes deban ser completamente desmanteladas.
Eso es lo que Pedro Sánchez y el resto de lo que llaman «líderes mundiales» deberían exigir y apoyar, en lugar de la mierda de plan que han parido los genocidas para salirse con la suya.
Paz impuesta, soberanía negada: El plan Trump-Netanyahu como arquitectura de genocidio y colonización en Palestina
1.- La sujeción de pueblos a una subyugación, dominación y explotación extranjeras constituye una denegación de los derechos humanos fundamentales, es contraria a la Carta de las Naciones Unidas y compromete la causa de la paz y de la cooperación mundiales.
2.- Todos los pueblos tienen el derecho de libre determinación; en virtud de este derecho, determinan libremente su condición política y persiguen libremente su desarrollo económico, social y cultural.
3.- La falta de preparación en el orden político, económico, social o educativo no deberá servir nunca de pretexto para retrasar la independencia.
4.- A fin de que los pueblos dependientes puedan ejercer pacífica y libremente su derecho a la independencia completa, deberá cesar toda acción armada o toda clase de medidas represivas de cualquier índole dirigidas contra ellos, y deberá respetarse la integridad de su territorio nacional.
5.- En los territorios en fideicomiso y no autónomos y en todos los demás territorios que no han logrado aún su independencia deberán tomarse inmediatamente medidas para traspasar todos los poderes a los pueblos de esos territorios, sin condiciones ni reservas en conformidad con su voluntad y sus deseos libremente expresados, y sin distinción de razas, credos ni color, para permitírseles gozar de una libertad y una independencia absolutas.
6.- Todo intento encaminado a quebrantar social o parcialmente la unidad nacional y la integridad territorial de un país es incompatible con los propósitos y principios de la Carta de las Naciones Unidas.
7.- Todos los Estados deberán observar fiel y estrictamente las disposiciones de la Carta de las Naciones Unidas, de la Declaración Universal de los Derechos Humanos y de la presente Declaración sobre la base de la igualdad, de la no intervención en los asuntos internos de los demás Estados y del respeto de los derechos soberanos de todos los pueblos y de su integridad territorial.
RESOLUCION 1514 (XV) DE LA ASAMBLEA GENERAL. NUEVA YORK, 14 DE DICIEMBRE DE 1960.