La figura de Pedro Ibarra ha pasado a la historia local por su defensa del patrimonio y sus trabajos siguen siendo un siglo después fundamentales para los investigadores.

La historia de Elche reserva para Pedro Ibarra uno de los apartados más destacados. En una misma persona se reunió la figura de archivero, historiador, fotógrafo, documentalista y arqueólogo. En el tránsito de una sociedad rural a otra urbana, se erigió como defensor del patrimonio local y consiguió la protección del Palmeral y del Misteri. Recuperó los fondos del archivo municipal, los catalogó y llevó a cabo trabajos que 150 años después de su nacimiento, que mañana se cumplen, sirven de base a los investigadores contemporáneos.

JAVIER PASCUAL

Como autor de una tesis sobre Pedro Ibarra, el investigador Joan Castaño es posiblemente uno de los mejores conocedores de la vida y la obra de este ilustre ilicitano. Dos son, en su opinión, sus aportaciones.

La primera «la defensa de todo el patrimonio ilicitano. Las publicaciones e investigaciones que hace es porque hay un elemento en peligro o porque hay una discusión en la opinión pública en ese momento. Tiene dos libros fundamentales sobre aguas de riego y aguas potables porque en ese momento se están produciendo problemas en la Acequia Mayor y en la tubería que trae el agua potable», apunta como ejemplo. «Hace estudios históricos sobre problemas concretos».

En su opinión, los dos Patrimonios de la Humanidad de Elche «siguen una actuación que Pedro Ibarra inició en su momento. Consiguió el primer decreto de protección de los palmerales, promovió la restauración del Misteri de 1924 y consiguió que la República lo declarase Monumento Nacional».

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Su otra aportación es su labor como documentalista. Pedro Ibarra pretendía ayudar a su hermano Aureliano a redactar la Historia de Elche y se embarcó en la recopilación de todo tipo de testimonios históricos. La cerámica procedente de los distintos yacimientos arqueológicos formaría la colección inicial del Museo Arqueológico, el actual MAHE.

Pero posiblemente el episodio más reconocido sea la compra de gran parte de los fondos del archivo municipal que el Ayuntamiento vendió a principios del siglo XX para conseguir fondos con los que restaurar el edificio consistorial. Aquella adquisición ha permitido que el archivo de Elche sea considerado el tercero en importancia de la Comunidad Valenciana. El 80% de la documentación anterior a 1830 lleva el sello de la colección personal de Ibarra, donada gratuitamente al Ayuntamiento a cambio del puesto de archivero. Entre estos papeles figura la bula del Papa Urbano VIII que permite que el Misteri siga realizándose dentro de un templo, apunta Castaño.

Rafael Navarro Mallebrera es el actual responsable del archivo municipal y destaca el rigor universitario que aplicó a la ordenación de los fondos. «Al haber estudiado en la Escuela Diplomática, ordenó el archivo con las modernas técnicas que se aplicaban en España, en ocasiones, tamizadas, por su afán coleccionista».

Ibarra fue archivero desde 1924 hasta que falleció en 1934. «Cuando llegué en 1976 al archivo -recuerda Navarro- me encontré un archivo catalogado. Había fichas por cada expediente y estaba ordenado por asuntos. Esa es su gran aportación: el haber puesto el archivo de un pueblo al alcance de cualquier línea investigadora».

El investigador y profesor del CEU, Miguel Ors valora más la faceta de Pedro Ibarra como documentalista que su obra como historiador. «Cuando en 1933 desaparece Pedro Ibarra, desaparece también la costumbre de guardar papeles que han tenido mucha importancia para la historia de la ciudad. Con Pedro Ibarra se conserva toda la Prensa y cuando muere, desaparece. Desde 1934 no se conservan periódicos. Con Pedro Ibarra, eso no hubiera pasado. Por eso, siempre lo hemos visto como un excelente documentalista. Su modernidad es contemplar todo aquello que llega en su momento: un libro, una compañía de variedades y eso, al final, proporciona historia».

«Hay montones de historias monográficas -añade- que no hubieran podido reconstruirse como la historia del Partido Comunista, de los anarquistas, de la masonería, del cine… porque Pedro Ibarra recogía todos los panfletos, cosa que ahora no hace nadie». Ors reconoce que «hoy, todos nos aprovechamos del trabajo de Pedro Ibarra: los historiadores de contemporánea, moderna y antigua».

Para Anna Álvarez, coordinadora de los museos de Elche «en Pedro Ibarra, lo fundamental es el conjunto. Una de las cosas que contemplamos en la exposición que estamos preparando para el MAHE es que él tenía una visión muy moderna del documento. Para nosotros, el documento no es sólo el gran documento, sino un panfleto, unos folletos. Hay determinados documentos que pueden ser considerados insignificantes, pero que son importantes. En aquella época, la historia era muy institucional, pero él recoge todos los sellos de las fábricas, por lo que hoy tenemos una recopilación de todos los talleres de la época. En su opinión, «Ibarra tenía intereses muy concretos, a pesar de la imagen de dispersión».

Álvarez destaca otra faceta no menor. «Utiliza la fotografía con una visión muy moderna, para documentar el devenir histórico de la ciudad, la vida cotidiana; pero también como documento profesional de hallazgos arqueológicos como lo hace en ese momento el Instituto Arqueológico de Berlín».


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