
ALICANTE
Detenida una mujer por robar las gafas graduadas a un agente mientras presentaba una denuncia
R. FERRANDO
Una mujer ha permanecido 32 horas detenida en los calabozos de la Comisaría centro de Alicante por robarle las gafas graduadas a un agente del Cuerpo Nacional de Policía mientras presentaba una denuncia. La acusada, que tenía antecedentes policiales, se presentó en la Comisaría a las doce de la noche del domingo para denunciar a una supuesta red de pederastas. El agente la emplazó para que volviera al día siguiente y cuando la mujer ya había abandonado las dependencias policiales descubrió que se había llevado sus gafas de vista.
Una patrulla sorprendió a la mujer cinco minutos después en la Rambla con las gafas del policía en la mano y se la llevó detenida a Comisaría. El agente que sufrió el robo valoró las gafas en más de quinientos euros con lo que la sustracción era constitutiva de un delito de hurto. La mujer aseguró a los agentes que no veía bien, que había cogido las gafas de vista por error e insistió en que iba a devolverlas.
La acusada pasó ayer a disposición judicial. La detenida reiteró que fue una equivocación. La magistrada de guardia la dejó en libertad tras recibir un informe pericial que tasa el valor de las gafas en menos de quinientos euros con lo que el hecho sería constitutivo de una falta, que está castigado con el pago de una multa. La mujer será juzgada en los próximos días en el Palacio de Justicia.
Y bueno las cuestiones que opinamos que el informador o informadora debería haber reflejado y subrayado -y que quizá no lo ha hecho de forma suficiente, entendemos- son las siguientes:
Una señora se llevó las gafas graduadas del agente que le tramitaba una denuncia en la Comisaría de Alacant. No queda claro si por un error de la propia señora -que se pudo confundir, como ella misma esgrime- o si por alguna cuestión de cleptomanía o simple capricho de poseer ese objeto (por otra parte no suele ser habitual que se roben gafas graduadas).
Al darse cuenta de que le habían desaparecido las gafas, el agente da parte a sus compañeros/as, y minutos más tarde aparece en la comisaría la susodicha señora con las susodichas gafas. Hasta aquí todo normal, pero ahora empieza lo bueno.
El agente robado, en un acto cuya motivación podría ser supuestamente “la venganza y el afán de dar escarmiento” valora sus gafas en “más de 500 euros”, precisamente el valor económico que distingue a nivel jurídico la falta del delito.
Esto es de importancia capital. Si las gafas valen menos de 500 euros, la señora ha cometido una falta y la detención en comisaría durante 32 horas podría ser constitutiva de un “delito de detención ilegal”. Si valen más, se considera que la señora ha cometido delito y la ley permite la detención hasta 72 horas -se supone que para que la policía pueda llevar a feliz término todas las investigaciones necesarias de cara a su esclarecimiento- en la comisaría antes de ser puesta a disposición de un juez.
Desde esta página nos permitimos sospechar lo que para mucha gente posiblemente sea algo obvio. El agente sabía de sobra que sus gafas no valían 500 euros. Suponiendo que a la hora de comprarlas le hubieran costado esa cantidad -cosa que dudamos-, al ser un objeto de segunda mano su precio en el mercado sería sensiblemente menor, a no ser que fueran de platino y con incrustaciones de brillantes, vaya.
Pues eso, que la señora merced a esa valoración de las gafas se come una detención de 36 horas en los hediondos y siniestros calabozos de la comisaría centro de Alacant que Tortuga conoce tan bien, tiempo que ya la policía podría explicar a qué diligencias relacionadas con el “delito” dedicó.
Por supuesto en cuanto la mujer fue llevada al juzgado de guardia, un perito judicial se encargó de decir lo obvio, que las gafas no valen 500 euros ni hartos de vino todos. Y la mujer a su casa hasta que se le juzgue por su supuesta falta.
Y a nosotr@s lo que sí nos parece de juzgado de guardia es que la juez no procese de oficio a estos policías que supuestamente emplean las posibilidades represoras que el imperio del mal llamado «estado de derecho» pone a su alcance en satisfacer vendettas caprichosas violentando los más elementales derechos de los seres humanos.